Reservación de candidaturas: más allá de las reglas establecidas

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PUNTA CANA. La reserva de candidaturas en los partidos políticos es una práctica que consiste en designar a ciertos candidatos de manera anticipada, y sin someterlos a un proceso de selección competitivo o elección interna.

Esta decisión ha sido históricamente recurrente en los partidos políticos de República Dominicana, hasta alcanzar su institucionalización por parte de la Junta Central Electoral (JCE).

La resolución 13-2023 faculta a los partidos políticos a reservarse el 20% de las candidaturas por cada nivel de elección. Sin embargo, aunque esta disposición limita a las élites partidarias para decidir a su antojo un porcentaje mucho mayor, este mecanismo sigue teniendo un impacto negativo en la democracia interna de las organizaciones políticas, ya que restringe la participación y la toma de decisiones de sus miembros.

¿POR QUÉ?

La reserva de candidaturas puede conducir a la concentración de poder en las cúpulas de los partidos políticos. Al designar candidatos sin un proceso transparente y participativo,
se corre el riesgo de que las élites de partido tengan un control desproporcionado sobre la selección de líderes y representantes.

Consecuentemente, esta práctica puede socavar los principios democráticos, al limitar las oportunidades para que los miembros del partido influyan en la toma de decisiones y participen en la formación de la plataforma política. Además, la reserva de candidaturas puede generar descontento y frustración entre las bases del partido.

Cuando los miembros perciben que las decisiones se toman de manera arbitraria y sin tomar en cuenta su opinión, pueden sentirse excluidos y desmotivados para participar activamente en la vida interna del partido. Puede generar divisiones internas, disminuir la cohesión y debilitar la capacidad del partido para movilizar a sus seguidores en las elecciones. Otro aspecto a considerar, es que la reserva de candidaturas puede limitar la
diversidad y representatividad dentro
de los partidos políticos.

Al evitar un proceso competitivo y participativo, se corre el riesgo de perpetuar estructuras de poder existentes y excluir a grupos minoritarios o voces disidentes. Esto puede llevar a una falta de representación de diversos sectores de la sociedad en la toma de decisiones políticas, lo que debilita la legitimidad y la capacidad de los partidos para abordar de manera efectiva los desafíos y necesidades de la población.

En contraste con la decisión centralizada de asignar candidaturas, la promoción de la democracia interna en los partidos políticos implica la apertura de espacios de participación y deliberación, la promoción de elecciones internas competitivas y la inclusión de mecanismos de rendición de cuentas y transparencia en la selección de candidatos.

Este comportamiento partidario fomenta la participación activa de los miembros, fortalece la legitimidad de las decisiones y permite una representación más amplia y diversa en la arena política.

LO QUE NO SE VE

La reserva de candidaturas en los partidos políticos puede ser utilizada como una estrategia para preservar el status quo y evitar cambios significativos dentro de lo que puede resultar en una falta de renovación y en la perpetuación de estructuras de poder establecidas, lo cual limita la capacidad de adaptación y la innovación dentro del partido.

En lugar de permitir la competencia de ideas y liderazgos, la reserva de candidaturas crea un ambiente de complacencia y estancamiento, lo cual no es saludable para la democracia interna de los partidos

Cuando los candidatos son designados sin la posibilidad de que la militancia partidaria exprese su voluntad, se quebranta la confianza en las instituciones políticas. Esto puede llevar a la desmovilización de las bases, la apatía política y, en última instancia, a una disminución en la participación ciudadana.

Es importante destacar que la reserva de candidaturas puede tener implicaciones negativas no solo para la democracia interna de los partidos políticos, sino también para el sistema político en su conjunto.

Cuando los partidos no son democráticos internamente, es menos probable que actúen como canales efectivos para la representación y la participación ciudadana.

Lo ideal es que se fomente la participación activa de los miembros, desde las cúpulas que dirigen hasta el último eslabón de las bases del partido. Hay que preservar el respeto a la diversidad de ideas, y fortalecer la capacidad de adaptación del partido a los procesos de transformación en la sociedad.

Al abrir espacios para la deliberación y la competencia de liderazgos, los partidos pueden generar un ambiente más inclusivo y representativo, donde se promueva la participación
plural y equitativa de grupos subrepresentados y se evite la concentración excesiva de poder.