viernes, mayo 24, 2024

Patricia Heredia / pheredia@editorabavaro.com

SAN PEDRO DE MACORÍS. El rostro lo dice todo, pero no en el caso de monseñor Francisco Ozoria Acosta, a quien quizás su imagen atípica de una persona reservada y serena impacte en una primera mirada. A lo mejor parezca de aspecto rudo o poco sociable. Pero no, nada que ver con la realidad.

Monseñor Ozoria Acosta (nació en Nagua, provincia María Trinidad Sánchez, el 10 de octubre de 1951), es un hombre accesible, cercano; con una personalidad muy definida. Y eso sin hablar de la paz espiritual y la confianza que trasmite de manera espontánea, tal vez sin proponérselo. Así lo pudimos apreciar, cuando con tanta afabilidad nos recibió en las oficinas del Obispado de San Pedro de Macorís, donde pastorea esa Diócesis, desde el primero de febrero de 1997.

Con orgullo, dice que su padre, Nazareo Ozoria, y su madre, Altagracia Acosta, le enseñaron a colaborar en los quehaceres de la casa. Su padre era agricultor y con él trabajó en la agricultura, específicamente en el cultivo de arroz, en la comunidad de Payita, en Nagua, y fue el primer trabajo que tuvo.

Explica que hizo sus estudios básicos en la escuela primaria de Payita, que solo llegaba hasta el cuarto grado. Y luego en la Mercedes Bello, de Nagua, cursó los niveles de quinto hasta octavo, y ahí estaba al cuidado de su abuela.

Monseñor cuenta también que su formación a nivel secundaria fue en el Seminario Menor San Pío X, de Licey al Medio, en Santiago, donde ingresó el 30 de septiembre del 1967. Cursó los estudios filosóficos en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, también en Santiago de los Caballeros. Y los estudios teológicos, en el Pontificio Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino, en Santo Domingo.

[caption id="attachment_2558" align="alignleft" width="300"]Diósesis de San Pedro de Macorís, donde aún sigue asignado Ozoria. Diósesis de San Pedro de Macorís, donde aún sigue asignado Ozoria.[/caption]

Su vocación inició con una interrogante: â??¿Que seré yo?; ¿Por qué no sacerdote?â? A raíz de esto, cuenta que la vocación sacerdotal le vino de los valores de su familia. Pues, nació en una familia cristiana, y sus padres le enseñaron a vivir la fe, tanto a él como a sus cuatro hermanos.

Con mirada fija, rememora: â??En esa fe crecí y fui llevando una vida normal, como todo niño. Como adolescente, ellos me enseñaron la fe y me nutrieron de esa manera, y aprendí buenos valores. Pero fue viviendo con mi abuela que tuve la verdadera chispa de la vocación, porque mi abuela recibía la revista Amigo del Hogar, y en esa revista vino una propaganda vocacional y me gustó. Simplemente, decía una pregunta: ¿Qué seré yo? ¿Por qué no sacerdote? Y eso soy; siempre seré un sacerdoteâ?.

Dibuja una sonrisa para decir que guarda gratos recuerdos de su abuela, quien también vivía la fe cristiana. Parecía como si al comentar aquel momento imaginaba estar en presencia de ella.

Ozoria, quien se define como un de hombre fe, fue ordenado sacerdote el 2 de septiembre de 1978, y destinado a trabajar en la Pastoral Vocacional de San Francisco de Macorís. El primero de febrero de 1997, al crearse la Diócesis de San Pedro de Macorís, fue nombrado por el Papa Juan Pablo II como su primer Obispo.

Recibió la ordenación episcopal el 15 de marzo del mismo año, y en la misma celebración tomó posesión canónica de su Diócesis. De forma casi instantánea, como si supiera la pregunta, expone que valora la gente por ser personas, y que todas tienen virtudes que las caracterizan como únicas y especiales, pero sobre todo la dignidad que tienen por ser hijos de Dios, aunque también aclara que no le gusta de nadie la hipocresía y la mentira.

Emocionado, narra que la fe que ha recibido es para él un regalo de Dios, y resalta que esa es su mayor virtud y la quiere salvar por todos los medios. â??Tengo defectos; soy muy callado. No me gusta aparecer en la sociedad de hoy. Lo he tenido muy en cuenta; yo lo tengo como un defecto. No estoy en el afán de brillar. Para mí es una virtud, pero para los demás es un defectoâ?, exterioriza de forma pensativa.

Indica que en el marco de la sociedad de hoy el éxito significa fama, bienestar económico, cosas materiales, y que él no ve el éxito por ahí, sino â??yo veo el éxito por el hecho de que una persona le sirva a los demás; por el hecho de que una persona se dé a los demás por entera, sin esperar nada a cambioâ?.

Con gran emotividad, expresa que admira al papa Francisco, porque ha roto esquemas y es una persona cercana, por esa facilidad que les brinda a los demás para acercársele de manera espontánea.

Sustenta que ha leído muchos libros, pero que como amante de Jesucristo y de la eucaristía que es, la cual es algo grande para él, el libro que le ha ayudado tanto es la Encíclica sobre la Eucaristía, de Juan Pablo Segundo. Añade que, por ende, se identifica con una de sus frases: â??La eucaristía hace la Iglesia, y la Iglesia hace la eucaristíaâ?.

Considera que â??Dios es mi todo y yo dependo absolutamente de Ã?l. Y yo estoy absolutamente e incondicionalmente a su disposición. Como sacerdote, tengo la misión de servir al pueblo, de santificar, de guiarle y de orientarle de manera desinteresadaâ?, relata monseñor Ozoria, dando a entender que se siente complacido del trabajo que ha realizado con su feligresía.

En su devoción del servir a los demás, explica que el rol de la Iglesia en defensa de los más pobres siempre ha sido significativo, por lo menos en América Latina. â??Y creo que se está haciendo con la mejor voluntad posible. En esto la Iglesia hace un trabajo de suplencia a los gobiernos, porque muchas veces el Gobierno no hace el trabajo en salud, en educación, asistencia social. El Gobierno se duerme; muchas veces se va al partidismo, en la política, atendiendo mucho esas cosas y descuidan la necesidades básicas, y los pobres son los que sufrenâ?, critica el dedicado sacerdote.

Ozoria exterioriza, además, que la Iglesia es jerárquica, lo que quiere decir que tiene una cabeza, que tiene unos maestros, unos pastores. Señala que en primer lugar está el papa, luego los obispos y los sacerdotes. Indica que esa estructura significa mucho, porque es la consolidación de la Iglesia, lo que queda probado tras haber permanecido 20 siglos desde su fundación.

Al referirse al fenómeno de la disminución de feligreses en la Iglesia católica, dijo que â??se debe a que hay países que se han quedado en una Iglesia pasiva, de estructura, de protocolo, de sacristía. Entonces, así no se crece. En otra parte hay un mayor acercamiento a la gente, al servicio, a las obras concretas de servicio a la gente, y eso le gusta y por eso la iglesia creceâ?.

El 4 de julio del 2016, el Papa Francisco aceptó la renuncia del arzobispo de Santo Domingo el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, y en su lugar nombró a monseñor Francisco Ozoria Acosta. Quizás por este gran compromiso reitera que cada día más quiere ser un hombre de Dios y al servicio de la Iglesia.

â??Me debo a la Iglesia. Por eso el nombramiento de obispo, el nombramiento de arzobispo, todo eso va en el marco de que soy de la Iglesia, y a ella me debo. Desde el momento en que fui ordenado sacerdote, estoy hipotecado en la Iglesiaâ?, expresa Ozoria.

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