lunes, junio 24, 2024
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Un cacique sin flecha

Francisco Américo

redacción@editorabavaro.com

Creo que es mucho lo que se hablado de este personaje de la política citadina, al extremo que muchos lo exaltan, lo endiosan lo mitifican y los más tremendistas, llegan hasta acciones paranoicas: lo ven como un santo varón, con condiciones especiales. Otros que sufren hidrocefalia aguda, lo llaman el seguro de los pobres, por la práctica de sacudir el trigo, repartir la paja y quedarse con la mayor cantidad para su granero.

Este atípico político de Higüey, por muchos años tuvo la habilidad de manejar una cantidad de rebuznos, que por su especie me parece que el cerebro lo tienen debajo del ombligo, lo que sin duda ha sido el principal capital del ya tenue político del partido tricolor formado a su conveniencia económica.

Este político armador de pujas políticas, ha convertido a los sumos en los concertadores financieros más agudos de los últimos 30 años.

Acumulando una fortuna que ha sido cuestionada por varios sectores del país, lo que ha obligado algunos a presentar querella ante los tribunales nacionales, dada la magnitud del desfalco y el uso desmedido de los recursos puestos en sus manos, lo que supuestamente utilizó en su proyecto político presidencial del 2008, la que produjo la peor debacle del Partido Reformista Social Cristiano, logrando apenas un 4% de los votos, dejando prácticamente sin personería jurídica a esa organización.

Este hombre, que ha vulgarizado en términos banales, que la campaña la sustenta en repartos de pollos, puercos, salami, aceite, canastillas, galones de gasolina, romo, arroz y habichuelas, desojando así las grandes piezas oratorias pronunciadas por los tribunos de la política dominicana.

Pero, al parecer, esta práctica bulímica del desplumado Cacique del Este mainó por los resultados cada vez más bajos en los procesos que ha participado, como ocurrió recientemente en el proceso interno del 26 de enero del Partido Reformista, donde quedó muy por debajo de las expectativas que él mismo se había creado, recibiendo a cambio un dardo de sus propios compatriotas.

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