sábado, junio 15, 2024
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Manuel Martínez “Un evangelista con discapacidad física que mueve multitudes”

Manuel Antonio Vega

mvega@editorabavaro.com

Manuel Martínez Febles, de 40 años de edad, es un evangelista dominicano, oriundo de La Romana, que fue afectado por polio, antes de contar los cuatro años, haciéndolo preso en sus piernas.

Pastor

Es un ser humano extraordinario, de un valor espiritual incalculable, que a pesar de la enfermedad, salió del montón para convertirse en uno de los evangelistas y animadores más populares y contagiosos de la Iglesia Evangélica en la región Este.

Su dificultad física no ha impedido que este hombre de fe movilice multitudes, logrando la conversión de cientos de personas de Higüey, La Romana, El Seibo, San Pedro de Macorís, Miches, Sabana de la Mar, Santo Domingo y en pueblos del Cibao y el Sur, donde es requerido.

Sus prédicas, fuerza de voluntad y seguridad al hablar, así como su pureza lexical, hacen vibrar los templos donde se presenta por invitación a conferencias y animación de fe.

Es un hombre que lo que la naturaleza le quitó, Dios se lo regaló para que fuera por el mundo a predicar las buenas nuevas del Señor.

Para movilizarse de un extremo a otro utiliza como calzado de sus manos un par de calipsos, que les evitan hacer contacto con microorganismos en el suelo.

SU VIDA

Es hijo de la doméstica Agustina Febles y obrero Celso Martínez. Está casado con María Luisa, con quien ha procreado a los niños Yirandy, de cuatro años y Manuel, de año y medio.

Pastor y su familia

Reside en una humilde casita en el sector Villa Hermosa y narra que llegó al evangelio cuando contaba los 19 años.

En su mocedad jugaba, iba al play de Villa Pereyra a jugar pelota, actividad que abandonó porque los muchachos del barrio comenzaron a decirme “niño mono”, lo que le irritaba y llegó a pelear por ese tipo de burla o mofa.

“La gente me daba monedas cuando chiquito, pero mis padres no aceptaban eso, porque pensaban que era que yo pedía el dinero, pero fui entendiendo que lo hacían por generosidad, por mi situación física”, contó.

INGRESOS

Manuel Martínez mantiene a su esposa y sus dos hijos de las colectas que hacen los feligreses cuando va a algunas conferencias.

“Cuando voy a iglesias más grandes y de personas más pudientes, colecto menos que las pequeñas”, confesó el evangelista, que agregó que en las familias pobres hay más sensibilidad humana que en los ricos.

Manuel no cuenta con un seguro básico de salud, bonoluz ni de gas y sueña con tener una pensión que le permita ahorrar y tener algo para dejarle a su familia “cuando el Señor me llame a su lado”.

Actualmente adeuda unos 40 mil pesos, que tomó prestado para arreglar un poco su casita y ponerle hierros, para evitar ser víctima de la delincuencia que afecta a Villa Hermosa.

Cuando Manuel le habló a María Luisa de boda, tuvo un rechazo rotundo en la familia de la mujer y de personas que siempre opinan, que le decían “cómo te vas a casar con ese renco, cómo te va a mantener, tú no podrás tener hijos”.

“La gente juzga por apariencias, porque mire ahora, María Luisa es feliz, tenemos dos hijos y dice amarme hasta la muerte”, cuenta con una sonrisa en los labios cuando habla de su esposa.

“Me dio mucha brega conseguir a María Luisa Miranda como esposa, porque la gente no creía en mi, más fácil creen en un 6/2, un hombre alto con seis pies y dos pulgadas de estatura, buenmozo, con buenas finanzas, pero la gente no le cree a un inválido, sin recursos financieros y con una enfermedad”, agregó.

Ha recorrido todo el país y viajado a algunos países de Suramérica y el Caribe, pero carece de un vehículo para movilizarse.

Nunca ha querido utilizar silla de ruedas, alegando que eso lo limita para trasladarse de un pueblo a otro.

SOY FELIZ

María Luisa confiesa ser una mujer completamente feliz, de haberse casado con Manuel Martínez, “quien a pesar de su discapacidad, me ha dado todo, es cariñoso, buen hombre y excelente padre”.

Confesó que las limitaciones de Manuel le hacen una vida más rica en la fe y que ha logrado que quienes no creían en su unión matrimonial, “ahora sientan buena estima con él y su familia”.

Manuel y María Luisa llevan cinco años de casados y, pesar de sus limitaciones económicas, han podido ser un ejemplo entre las familias de ambos, la comunidad de Villa Hermosa y la congregación religiosa a la que pertenecen.

“Hay quienes tienen sus dos piernas y no pueden correr, hay quienes a pesar de tener las posibilidades, hoy sólo tienen limitantes para emprender metas y lograr cosas”, expuso.

Dejó como mensaje: “Es el tiempo de terminar con las limitaciones, con el pecado, de acercarse a Dios, porque los días son malos y peligrosos, habiendo caminos que les parecen bien al hombre, pero son caminos de muerte”.

“Cuando voy a iglesias más grandes y de personas más pudientes, colecto menos que en las iglesias pequeñas y de gente humilde”. “