Pan al hambriento y agua al sediento

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Cápsula x: El amor de Dios 

Hablar del amor de Dios, es hablar de uno de los atributos que lo definen en todo su ser, así lo afirma Juan en su primera carta, cuando nos dice que Dios es amor, por eso el mostró el mayor acto de amor que ha podido existir en toda la humanidad, al mandar a su hijo a morir en una cruz.

Cuando Jesús resume los mandamientos del Antiguo Testamento lo hace de la siguiente manera, Mateo 22:37-39 “Primero: Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y el segundo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Hay una palabra en común en estos dos grandes mandamientos y es el amor.

Jesús al decir estos mandatos no está aboliendo la ley ni los profetas, más bien lo está resumiendo. Si vemos los diez mandamientos dados por Dios a Moisés en Éxodo 20: 1-17, los primeros cuatro tienen que ver directamente con Dios y los otros seis con el prójimo, ósea si amas a Dios no tomaras su nombre en vano, no te inclinaras a imágenes etc.., pero si también amas a tu prójimo no lo vas a matar, no le robaras, no vas a desear sus posesiones etc.., de manera que el amor es clave para cumplir con el mandato divino.

El apóstol Pablo cuando le escribe a los Gálatas 5:22-23, acerca de los frutos del espíritu, él les dice: el fruto del espíritu es amor, paz, gozo, paciencia, etc…  Él no dice son sino es, ¿Por qué? debido a que el que tiene amor tiene paz, el que tiene amor tiene gozo, el que tiene amor tiene bondad, de manera que el que tiene amor lleva los frutos del espíritu.

Alguien dijo una vez: “Amas y haz lo que quieras. Si callas, callaras con amor; si gritas, gritaras con amor; si corriges corregirás con amor; si perdonas, perdonaras con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”

Amas si quieres ser feliz, ama y todo cambiará.