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Su llamado comenzó en 1989 y terminó convirtiéndose en una misión de vida

Por Hilma Feliciano

EL SEIBO. Hay llamados que comienzan con una voz fuerte y clara, y hay otros que nacen poco a poco, como una semilla que Dios planta en el corazón hasta convertirla en una misión de vida. En este Mes de la Biblia, que se celebra cada septiembre en República Dominicana, esta serie llamada “Huellas de la Biblia” presentará las historias de hombres y mujeres que han dedicado sus vidas al servicio de Dios y cuya trayectoria ha estado marcada por la fe, la Palabra y el compromiso de servir a los demás, así como por sus aportes positivos a la sociedad. La historia del pastor Eddy Manuel Álvarez, de El Seibo, pertenece a esta segunda categoría.

Su caminar pastoral comenzó con una reconciliación con Dios en 1989 y, desde entonces, su vida tomó un rumbo diferente. Él resume ese proceso con las palabras de Filipenses 2:13: “Dios es el que produce en nosotros así el querer como el hacer”. Después de regresar a los caminos del Señor, comenzó a asumir responsabilidades de liderazgo en la iglesia donde se congregaba. Con el tiempo llegó a servir como copastor de su pastora, Martina Herrera. Allí descubrió que dentro de él había algo más que el deseo de congregarse: había una profunda pasión por servir.

Comenzó a evangelizar, predicar, formar nuevos creyentes y llevar el mensaje de Cristo a distintos lugares. Lo que inicialmente parecía una vocación fue tomando forma hasta convertirse en un llamado al ministerio pastoral. “Es algo que uno siente como una llama que se enciende en tu vida”, explica. Aquel llamado fue validado y confirmado por sus líderes espirituales. Posteriormente fue ungido como pastor y, años más tarde, ordenado al pleno ministerio.

Ya han más de tres décadas de predicación, evangelización, consejería, canto, adoración y servicio por diferentes regiones del país, incluyendo numerosas zonas rurales. LAS PRUEBAS Servir a Dios durante tantos años no significa caminar siempre por senderos fáciles. El pastor Álvarez también conoce las dificultades del ministerio. En sus primeros años atravesó momentos de precariedad económica junto a su familia. Sin embargo, decidió permanecer fiel. Su experiencia le enseñó que el llamado de Dios no elimina las dificultades, pero sí proporciona fuerzas para atravesarlas.

“Creo que nuestra fidelidad a Dios en esos momentos, sumado a nuestro humano esfuerzo por prepararnos y producir para los nuestros, hemos sido premiados junto a nuestra familia y muy bendecidos en Cristo Jesús”, afirma. También llegaron las decepciones. Personas a quienes sirvió desde el amor de Cristo respondieron con ingratitud, dejando heridas y frustraciones.

Hubo momentos en los que pudo pensar en abandonar, pero recordó que las personas que Dios había puesto bajo su cuidado no le pertenecían a él. “Fue el dueño de la obra quien nos asignó pastorear ovejas y tendremos que dar cuenta por ellas”, expresa. Por eso decidió responder al mal con bien. Después de más de 30 años, entiende que el ministerio no puede sostenerse solamente en las emociones. Se sostiene en el amor y en la gratitud a Dios por lo que Él es y por lo que ha hecho. Para él, el llamado es la garantía de no abandonar la asignación, aun cuando existan momentos “agridulces”.

LA RECOMPENSA

El pastor Eddy Álvarez recuerda matrimonios rotos, familias a punto de separarse, hijos rebeldes y personas golpeadas por el pecado. Una de sus mayores satisfacciones ha sido ver cómo muchos de esos hogares han encontrado nuevamente el camino de la restauración. Su experiencia pastoral se complementó con su preparación como terapeuta familiar y con años impartiendo conferencias sobre familia y parejas, tanto en República Dominicana como en otros países.

CUANDO CRISTO ENTRA EN EL HOGAR

Hoy contempla con gratitud una familia estable. Sus hijos, sus esposas y esposos, sus nietos; todos sirven al Señor de una manera u otra y permanecen vinculados a la casa de fe. Pero reconoce que él y su esposa no hicieron todo desde el principio como a Dios le agradaba. La diferencia llegó cuando decidieron llevar su relación a Cristo, llevar a Cristo a su familia. Y todo cambió para bien. Esa experiencia se convirtió en una de las convicciones más profundas de su ministerio: una familia puede haber comenzado sobre fundamentos equivocados y, aun así, encontrar restauración. Por eso sostiene que el hogar debe construirse sobre bases firmes, con Cristo como piedra angular y con valores morales y espirituales.

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