sábado, junio 15, 2024
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Algo más que palabras: La atmósfera de resentidos es un suicidio colectivo

Algo más que palabras: La atmósfera de resentidos es un suicidio colectivo

Víctor Corcoba Herrero | corcoba@telefonica.net

No podíamos caer más bajo, apenas nos conmueve nada y el inherente entusiasmo viviente ha dejado de palpitar en muchas personas, con una búsqueda enfermiza de reclusión y aislamiento. Lo nefasto de todo esto, es haber perdido la alegría de vivir donándose, el aliento por hacer el bien y hasta el pulso templado, en perpetua armonía con la naturaleza, que es lo que realmente nos permite levantar la cabeza y volver a empezar.

Esa conciencia aislada, resentida, sumida en el egoísmo y en lo efímero de placeres superficiales, nos deja sin fortaleza, totalmente desorientados y abatidos, para dar un nuevo horizonte existencial a nuestros pasos. Sabemos que no podemos continuar bajo el régimen de este desgarrador huracán discriminatorio, que lo único que fermenta es la pobreza, la desigualdad y la guerra; sin embargo, hacemos bien poco por enmendar situaciones que nos amortajan, puesto que continuamos retrocediendo en derechos humanos, deshumanizándonos y degradándonos como linaje.

Indudablemente, es de justicia pasar página, ayudar a pasarla puesto que todos somos vulnerables, hacer memoria y ver que después de setenta y cinco años de la derrota nazi, la paz y la unidad son más necesarias que nunca. Quizás tengamos que ejercitar el espíritu creativo para configurar otro recto mundo. Desde luego, no es el momento de huir, sino de perseverar y de seguir adelante, de proseguir en el cultivo de un arte poético involuntario y de perseguir un sueño dentro de otro sueño, de mostrar nuestro sentido responsable al mundo y de demostrarnos a nosotros mismos de que somos capaces de un cambio ecuánime e inclusivo. Tampoco podemos, ni debemos, quedar sólo en el deseo.

Ha llegado el turno de la acción, porque el futuro lo hacemos entre todos; de ahí, lo vital que es involucrarse y acompañar, pues lo substancial es no caminar solos y dejar de estar hundidos en nuestras miserias.

Si pretendemos poner todo en clave de misión, hay que activar los foros, escucharles, forjar alianzas, crear consenso. Hoy, sin duda, el papel de los parlamentos es primordial. Tal vez sea bueno tomar otros propósitos más dóciles, o si quieren más empáticos, me parece que podría ser un buen método de matar el gusano de los celos que trae el resentimiento, la rastrera envida; y, por ende, la amargura que nadie nos merecemos. A todos debe llegar la compañía, el consuelo y el estímulo de ser escuchado, algo que obra misteriosamente dentro de cada uno de nosotros, haciéndonos otros, más allá de los defectos y las caídas.