Vecinos de la calle José Ramón Payán ya no necesitan ir a la playa: con cada lluvia, su calle se transforma en un auténtico lago, donde los autos hacen piruetas para no quedar “sumergidos” y los residentes practican el arte de saltar charcos gigantes. Mientras tanto, piden a las autoridades que conviertan la limpieza de alcantarillas en deporte olímpico antes de la próxima tormenta.
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