En la carretera Higüey–Yuma ya no hay hoyos: hay piscinas públicas improvisadas. En el KM 2 ½, una tubería rota decidió inaugurar su propio balneario vial. El agua corre, el asfalto se rinde y los conductores practican clavados sorpresa… sin saber la profundidad. Una motorista casi estrena el lugar. Turismo extremo, versión abandono.
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