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Un café en la mañana podría seguir influyendo en tu cerebro al llegar la noche

Por Hilma Feliciano

Punta Cana. Una revisión de 32 investigaciones realizadas a lo largo de más de cuatro décadas concluyó que la cafeína puede alterar la actividad cerebral durante la noche, reduciendo la calidad real del descanso aunque la persona logre dormir varias horas.

El análisis encontró que la cafeína bloquea la acción de la adenosina, una sustancia que el organismo produce de forma natural y que se acumula durante el día para indicar al cuerpo que necesita dormir. Cuando esta señal se interrumpe, el cerebro mantiene un nivel de actividad superior al habitual incluso durante el sueño.

Los investigadores observaron que esta sustancia reduce las llamadas «ondas lentas», asociadas con el sueño profundo y la recuperación cerebral. Estas ondas son fundamentales para que el cerebro descanse y procese la información acumulada durante la jornada.

Según los hallazgos, el efecto es más evidente cuando la cafeína se consume en grandes cantidades o cerca de la hora de acostarse. En estos casos, algunas regiones cerebrales continúan funcionando de manera similar a cuando la persona está despierta, limitando la recuperación nocturna.

Otro aspecto destacado por el estudio es que los dispositivos y aplicaciones que monitorean el sueño podrían no detectar estas alteraciones. Aunque una persona reciba un informe positivo sobre sus horas de descanso, la actividad cerebral podría mostrar señales de una recuperación incompleta.

La investigación también señala que la cafeína puede interferir con el mecanismo natural que utiliza el cerebro para compensar la falta de sueño. Normalmente, después de una noche de descanso insuficiente, el organismo aumenta la actividad de las ondas lentas para recuperarse. Sin embargo, la cafeína puede dificultar este proceso.

Los expertos advierten que los efectos no son iguales para todas las personas. Factores como la edad, la genética, la cantidad consumida y el horario de ingesta influyen en la intensidad del impacto. Incluso dosis moderadas pueden generar cambios medibles en la actividad cerebral.

A pesar de los resultados, los autores reconocen algunas limitaciones. Gran parte de las investigaciones analizadas se realizaron con grupos pequeños de participantes, principalmente hombres jóvenes y saludables. Por ello, consideran necesario ampliar los estudios a poblaciones más diversas.

Sin embargo, evidencias recientes en adolescentes muestran patrones similares, especialmente cuando el consumo de cafeína ocurre durante la tarde o la noche, lo que refuerza la preocupación sobre su influencia en la calidad del sueño.

Los investigadores concluyen que, más allá de ayudar a mantenerse despierto, el consumo de cafeína podría tener efectos que se prolongan durante horas y afectan la capacidad del cerebro para recuperarse completamente mientras se duerme.

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