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Recuperar la movilidad tras un ACV requiere tiempo, constancia y rehabilitación

Por Hilma Feliciano

EL SEIBO. Sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) o una lesión neurológica puede cambiar la vida de una persona en cuestión de segundos. De repente, acciones tan sencillas como tomar una taza, vestirse, limpiar una ventana o caminar por la casa pueden convertirse en grandes desafíos. Para el paciente y su familia comienza entonces una etapa de adaptación, esfuerzo y aprendizaje. En ese proceso, la fisioterapia y la neurorrehabilitación desempeñan un papel fundamental para recuperar la movilidad, la independencia y la calidad de vida.

CUERPO Y CEREBRO

Después de un ACV, algunas personas presentan dificultades para mover un brazo y una pierna del mismo lado del cuerpo. Esta pérdida o disminución importante del movimiento se conoce como hemiplejía. También pueden aparecer problemas de equilibrio, coordinación, fuerza y sensibilidad.

La fisioterapia busca ayudar al paciente a recuperar, de manera progresiva, el control de su cuerpo. Una parte importante del trabajo consiste en movilizar las extremidades dentro de los límites seguros para evitar que las articulaciones pierdan movimiento. Esto ayuda a prevenir la rigidez y las contracturas musculares, que pueden causar dolor y dificultar todavía más las actividades cotidianas. Recuperar el control del cuerpo permite avanzar hacia objetivos tan importantes como sentarse correctamente, ponerse de pie y, posteriormente, caminar.

PACIENTES

No existen dos pacientes exactamente iguales. La zona del cerebro afectada, la gravedad de la lesión, la edad, el estado físico y las capacidades que conserva cada persona influyen en el proceso de recuperación. Por esa razón, la rehabilitación debe comenzar con una evaluación profesional. El fisioterapeuta analiza las condiciones del paciente y toma en cuenta la información médica y neurológica disponible. A partir de esa evaluación se establece un programa de ejercicios adaptado a sus necesidades. El objetivo no es simplemente hacer muchos ejercicios, sino seleccionar aquellos que sean adecuados, seguros y útiles para alcanzar metas concretas.

La recuperación neurológica requiere tiempo. Uno de los elementos más importantes del proceso es la repetición. El cerebro posee una capacidad conocida como plasticidad cerebral, mediante la cual puede adaptarse y reorganizar determinadas funciones. La rehabilitación utiliza esta capacidad mediante la práctica repetida de movimientos y actividades. Por eso, la terapia no debe verse como una actividad ocasional. La frecuencia y la continuidad son fundamentales, siempre siguiendo las indicaciones del equipo profesional. Levantar un brazo unos centímetros más, mantener el equilibrio durante unos segundos adicionales o dar unos pasos con mayor seguridad son logros importantes que pueden convertirse, con el tiempo, en mayor independencia.

REHABILITACIÓN

La recuperación no termina cuando el paciente sale del consultorio. El hogar puede convertirse en un espacio importante para continuar practicando, siempre que las actividades sean seguras y estén de acuerdo con las recomendaciones del profesional. Las tareas sencillas de la vida diaria pueden utilizarse como ejercicios funcionales. Doblar toallas, organizar objetos, limpiar superficies o participar en algunas tareas domésticas con supervisión pueden ayudar a trabajar la coordinación y estimular la autonomía. También es posible incorporar actividades para estimular las capacidades cognitivas. Leer en voz alta, realizar juegos de memoria, resolver sopas de letras o jugar cartas, damas o ajedrez pueden favorecer la concentración y mantener activa la mente. La estimulación sensorial también puede formar parte del proceso. Explorar diferentes texturas mediante el tacto puede ayudar a trabajar la percepción.

TRES PILARES PARA RECUPERAR LA INDEPENDENCIA

El proceso de rehabilitación se sostiene sobre varios elementos. El primero es la participación del paciente. La recuperación puede ser cansada y, en ocasiones, frustrante. Mantener la motivación y participar de manera constante en las actividades recomendadas puede ayudar a avanzar. El segundo pilar es la familia. Los miembros del hogar pueden ofrecer apoyo emocional, acompañar al paciente a sus terapias y colaborar con las actividades recomendadas para la residencia. El tercer elemento es el acompañamiento profesional.

UN CAMINO QUE REQUIERE PACIENCIA

Recuperar la movilidad después de un ACV o una lesión neurológica no ocurre de un día para otro. Es un proceso que requiere paciencia, constancia y trabajo coordinado. La meta final no es solamente mover un brazo, mantenerse de pie o caminar. Es recuperar, en la medida de lo posible, la capacidad de desenvolverse en la vida cotidiana y alcanzar el mayor grado de independencia posible. Recuperar la movilidad tras un ACV requiere tiempo, constancia y rehabilitación

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