En una tribu de África, escupir es señal de afecto

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ÁFRICA.- Las costumbres navideñas de este país de Europa del Este van a medio camino entre la tradición del rito ortodoxo y la festividad consumista occidental y, por tanto, en los hogares hay una amalgama de celebraciones.

Los ucranianos a la hora de decorar el árbol de Navidad (llamado «Yalynka») utilizan las tradicionales bolas, luces, guirnaldas, figuritas y una vez finalizado cubren todo ello con una telaraña, además de esconder una araña entre las ramas.

Evidentemente, tanto el arácnido como la red que se colocan son falsos y esta costumbre se originó a raíz de una antigua leyenda popular de finales del siglo XIX, de la que hoy circulan numerosas versiones con diferentes elementos o protagonistas.

La más famosa es la que explica la historia de una pobre viuda con hijos pequeños que al llegar la Navidad no tenía dinero para comprar los adornos para colocar en el Yalynka. A pesar de su extrema pobreza cogió unas pocas cosas que tenía en la casa (como nueces y algunas frutas) y adornó un árbol que había frente a la cabaña donde vivían, con el fin de conmemorar el nacimiento del Niño Jesús. Esa noche, mientras dormían, un grupo de arañas que había en el árbol tejieron una enorme telaraña que lo cubrió y a la mañana siguiente, tras amanecer, el primer rayo de sol convirtió la red de araña en hilos de oro y plata.

Dependiendo de la región de Ucrania se le da diferentes detalles a esta leyenda, pero los elementos coincidentes de todas las historias son la viuda pobre, el árbol, las arañas y la telaraña que se convierte en los preciados metales.