sábado, mayo 25, 2024
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El Este continúa su lucha contra la contaminación sónica

J. Polanco/ P. Pérez/ J. Sánchez/
L. Ramírez
redaccion@editorabavaro.com

EL SEIBO. La contaminación sónica sigue siendo uno de los grandes problemas que tiene la sociedad dominicana. No es raro encontrarse con un “musicón” en cualquier esquina del
país.

Según la Organización Mundial dela Salud (OMS), es uno de los factores ambientales que provoca más problemas de salud, desde hospitalizaciones hasta muertes prematuras.

Existen lugares específicos donde el ruido se da en menor o mayor proporción, dependiendo de las épocas del año o días de semana, aunque, hay en los cuales es diario. Por ejemplo, en la provincia de El Seibo, si bien, el descontrol se produce en fechas
como Navidad y carnaval, calles como las ubicadas en la frontera entre Villa Guerrero y Los Cajuiles, o “la 42”, son espacios donde el ruido es perenne.

Los oídos de los seibanos sufren en Navidad cuando la avenida principal, Manuela Díez Jiménez, se torna caótica, y se forman tapones que no son asiduos, provocando desvíos. Principalmente, en todo el trayecto que va desde el parque Hermanos Otto hasta la curva
del Banco Agrícola, donde se da el famoso fenómeno del “parqueo musical” en el que particulares estacionan sus vehículos y le suben a la música.

En las inmediaciones del parque Eugenio Miches se parquean vehículos con bocinas que exceden los decibeles permitidos, a tal punto que la música es capaz de escucharse hasta
sectores en altura como José Francisco Peña Gómez o El Rincón. En la referida frontera, Daniel Silvestre (nombre ficticio), afirma que “Yo no duermo de la bulla. Todo este entorno es un escándalo siempre. Es el sitio más bulloso. Música a cualquier hora,
cualquier día”.

OTROS LUGARES DEL ESTE

San Pedro de Macorís no escapa a la contaminación sónica. En varios de sus sectores son constantes los reclamos de sus residentes por el alto volumen de la música, sobre todo, aquella que colocan en establecimientos de diversión nocturna.

En la prolongación Rolando Martínez, en su intersección con la avenida Francisco Alberto Caamaño, operan tres negocios que durante los fines de semana se han convertido en el dolor de cabeza para los vecinos de la zona y quienes transitan por el área, ya que la gran cantidad de personas que se aglomeran allí, impiden el libre tránsito.

Otra área de la ciudad, donde en los últimos meses han surgido negocios de expendio de bebidas alcohólicas, es la avenida Mauricio Báez. En este sitio operan varios centros médicos, pero a los propietarios de las cafeterías parece no importarle la situación, ya que
hasta altas horas de la noche mantienen los equipos de música a alto volumen.

DENUNCIAS

Según un reporte del 911, a nivel nacional, el 90% de las denuncias en torno a la contaminación sónica es por música alta. A nivel de provincias, tanto en las dotaciones policiales como del Ministerio de Medio Ambiente, no fue posible obtener respuesta al respecto.

En la oficina provincial del Ministerio de Medio Ambiente en El Seibo, reconocen que, las denuncias al mes por exceso de ruido no son tantas, debido a que la mayoría de las personas prefieren llamar a la Policía Nacional y que estos acudan e intervengan en
incautar las bocinas o mandar a apagarlas. “No pasan de 15 al mes, aproximadamente”, señalan.

Ricardo González, un residente en la avenida Mauricio Báez, de San Pedro de Macorís, y quien reside en los alrededores de varios establecimientos, expresa con pesar que en varias ocasiones han puesto la denuncia ante el departamento de Anti ruidos de la Policía, y junto al personal de la provincial de Medio Ambiente han realizado las intervenciones
de lugar, pero que al cabo de algunas horas o al día siguiente vuelve la misma situación.

Según un estudio realizado en 2014, por el Ministerio de Medio Ambiente, La Altagracia, resultó como una las provincias donde se presenta mayor nivel de ruido. El Tiempo buscó la información referente a la cantidad de denuncias realizadas por los ciudadanos al departamento correspondiente, pero el encargado, el magistrado Pedro Núñez dijo que se realizan más operativos que denuncias.

AFECCIONES FÍSICAS

Aunque parezca que el cuerpo humano no padece por el exceso de ruidos, o que, quizás, los efectos no se perciben a corto plazo, son diversas las enfermedades que las personas pueden sufrir a raíz de la contaminación sonora. Rafael Encarnación, especialista en otorrinolaringología, dice que la contaminación sónica a nivel mundial está ocasionando muchos estragos.

“Esta población expuesta está sufriendo de pérdida de la audición, trastornos del sueño y problemas hasta metabólicos. A consulta llegan muchas personas con problemas de audición, producto de la constante exposición al ruido. No es solo el de la música, sino el ambiente en una empresa como la zona franca”, subraya el doctor.

Agrega que esto pasa porque el ruido de la máquina puede producir hipoacusia, que es la disminución de la capacidad auditiva. “El problema no se queda solo en establecimientos de diversión, ya que muchos pacientes provienen de iglesias protestantes, en las cuales escuchan las prédicas con aparatos de sonidos que sobrepasan los 90 decibeles”, dijo.

Encarnación recomienda que, para proteger el aparato auditivo, lo mejor es escuchar a un volumen aceptable por debajo de los 80 decibeles y así no afectar al oído.

¿Y LA SALUD MENTAL?

Entre los efectos perjudiciales que produce la contaminación sónica están los daños en la salud mental de los individuos, pues ocasiona trastornos físicos y psicológicos en el organismo humano.

La psicóloga Loly Hernández expone que dentro de los efectos negativos del ruido, están varios trastornos como el estrés, el insomnio o dificultad para conciliar el sueño, fatiga, síntomas depresivos, poca concentración, afectación de la memoria y estado de ánimo irritable. “A todo esto, podemos decir que, niños, ancianos, personas con enfermedades
terminales y la clase trabajadora son los más vulnerables y quienes más resultan afectados”, indica.

La experta en conducta humana sugiere que es necesario educarse, debido a que la falta de conocimiento hace que los ciudadanos no sepan cómo defender su derecho. Recomienda a
las escuelas, universidades, juntas de
vecinos y otros, impartir charlas y talleres sobre el uso adecuado de los niveles permitidos de decibeles de sonidos.

UNA LEY QUE NO SE CUMPLE A CABALIDAD

El problema del ruido es casi generalizado a nivel nacional, de manera que el año pasado, el Ministerio de Salud Pública a través del departamento de Salud Mental, llamó a la población a crear conciencia en torno a los daños que provocan los ruidos y la contaminación sónica.

Las localidades donde más denuncias se producen en torno al ruido son el Gran Santo Domingo, Santiago, San Cristóbal, Bonao, La Vega, Higüey y La Romana. Es evidente que la falta de aplicación de la Ley 287-04, sobre prevención y suspensión y limitación de ruidos nocivos que producen contaminación sonora, es lo que permite que esto pase.

“Lo vemos en el día a día cuando un policía incauta una bocina y lo vemos como exceso de autoridad, pero es una ley, que, incluso, sanciona hasta con salarios mínimos y grandes multas, porque los ruidos hacen múltiples daños. Para su aplicación, hace falta un equipo que tenga control y dirección sobre la misma”, considera el abogado Orlando Villa.

Cuestiona el proceso. “Los objetos incautados deben agotar el proceso de la confiscación, donde se requiere la intervención de un juez que emita una sentencia, sin embargo, aquí, solo te la quitan y luego ves que la están vendiendo a un tercero. Un acto irregular. Todas las leyes tienen un buen contexto, pero quienes la aplican no tienen la debida capacidad de a hacer una justa aplicación de la ley”, expuso.

SANCIONES

La ley prohíbe el ruido nocivo, molesto o perjudicial para la salud, cualesquiera que sean su origen y lugar, y por tanto constituye un delito ambiental, cualquier persona que produzca ruidos será sancionada.

Colmados, tiendas de licores, bares, clubes diurnos y nocturnos, cafeterías, y otros lugares abiertos que tengan actividad comercial que impliquen la producción de ruidos, pueden
ser sancionados con la pena de tres a 20 salarios mínimo, según lo establecido por ley.

También se pueden sancionar sitios públicos concebidos para la recreación y el esparcimiento de las familias, con una pena de tres a veinte salarios mínimos de los establecidos por ley.

Igualmente, vehículos de motor en la vía pública, mediante el uso de bocinas o equipos de música alterados (fuera de lo que trae el vehículo de fábrica), o falta de silenciadores en
el escape, se castigan con pena de cinco a treinta salarios mínimos establecidos por ley.

EN BUSCA DE SOLUCIONES

Recientemente, desde la oficina provincial de El Seibo, se han estado realizado reuniones con diferentes instituciones como la Dirección de Control de Bebidas Alcohólicas (COBA), la
Policía Nacional y la Gobernación Provincial, en conjunto con la Procuraduría de Medio Ambiente, con la finalidad de buscar soluciones a la contaminación sonora en esa localidad, aunque todavía no se perciben acciones específicas.

En La Romana se muestra cierto control de la situación. El procurador general de la Corte de Apelación de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Richard Güílamo Cedeño, manifiesta que la contaminación sónica en esta localidad está controlada a raíz
de los amplios operativos que se realizaron el pasado año.

“Hemos estado dando respuestas a esos afectados. Aquellas personas que violen la ley se le impondrán multas y si son residentes pueden ir a prisión.

El último operativo lo realizamos a principio de marzo en el área del Boulevard y se cerraron negocios de manera temporal se aplicaron multas”, exterioriza.