Sí, pero…

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La irrupción de la inteligencia artificial, representada por ‘San’ Chat GPT en el ámbito de la escritura y la creación de contenido, ha generado un debate interesante en el mundo de la comunicación y el periodismo.

Aunque esta tecnología ofrece ventajas innegables en términos de eficiencia y accesibilidad, también plantea desafíos significativos para aquellos que valoran la artesanía de la escritura y la profundidad del pensamiento crítico.

En primer lugar, es importante reconocer que la escritura nunca ha sido una tarea sencilla. Desde el escritor de novelas hasta el autor más experimentado, enfrentar una página en blanco puede resultar intimidante.

La creatividad y la habilidad para transmitir ideas de manera efectiva son habilidades que se desarrollan con tiempo y práctica. Con la primera idea, surgen las demás, pero el proceso de convertirlas en una narrativa coherente y persuasiva, es un reto constante.

El conocimiento de causa y la lectura son ingredientes primarios para una escritura sólida. Los escritores a menudo se inspiran en lo que han leído y en su comprensión del mundo que les rodea.

Es esta base de conocimiento la que les permite el tratamiento de temas con profundidad y sutileza.

La inteligencia artificial, por su parte, no posee esta comprensión contextual y se basa en patrones preexistentes, en los datos con los que ha sido entrenada. En el ámbito del periodismo, donde se busca describir situaciones y hechos de interés público, la precisión y la ética son cruciales.

Los periodistas deben seguir reglas elementales de verificación de datos, contrastación de fuentes y narración imparcial. La inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa en la recopilación y organización de información, pero no reemplaza la capacidad humana para contextualizar, analizar y tomar decisiones éticas en la presentación de noticias.

Muchos creen que pueden ser escritores sin realmente esforzarse en aprender y perfeccionar sus habilidades. Confían en la IA para generar contenido de manera rápida y sin reflexión profunda. Esto plantea un desafío para la calidad y la autenticidad en la escritura y la comunicación.