- Publicidad -

¿La próxima película dominicana?

Por Ramón A. Herrera Primerísimo Primer Plano

Seamos honestos: cuando escuchamos «festival de cine con celulares», la primera reacción puede oscilar entre la curiosidad y un ligero escepticismo. Sin embargo, creo firmemente que reducir la llegada de SmartFilms a República Dominicana a una simple novedad tecnológica sería un error de análisis monumental.

Lo que estamos presenciando es algo mucho más profundo: un síntoma y, a la vez, un catalizador de un cambio de paradigma en cómo concebimos, creamos y consumimos nuestras propias historias. Históricamente, el cine dominicano, como en muchas partes del mundo, ha operado desde una especie de torre de marfil.

El acceso a equipos de alta gama, los costos de producción y la necesidad de una formación técnica especializada crearon una barrera, a menudo insalvable, para el ciudadano común. Smart Films dinamita esa barrera. No la baja: la pulveriza. Al poner el poder de la creación audiovisual en el dispositivo que el 90 % de la población lleva en el bolsillo, le arrebata la exclusividad de la herramienta a un pequeño grupo y la entrega a las masas.

Es la democratización en su forma más pura. Pero la verdadera revolución no está en el cómo se graba, sino en el quién cuenta y el qué cuenta. La democratización real no es tecnológica, es narrativa Cuando Evelyna Rodríguez dice que «hemos sido producto de una oportunidad», está tocando la fibra más sensible del asunto: el talento es universal, pero las oportunidades no lo son.

La gran promesa de SmartFilms es que podría desenterrar historias que hasta ahora no encontraban canal. Pienso en las narrativas de nuestros barrios, en los dramas y comedias de nuestros campos, en las visiones de una juventud que ha vivido toda su vida conectada digitalmente pero desconectada de los medios de producción tradicionales.

Y es aquí donde, en mi opinión, el proyecto alcanza su máxima brillantez y se convierte en un acto casi político: «La Ruta Peliculera». Llevar formación gratuita a 16 localidades, incluyendo un punto tan estratégico y vibrante como Salvaleón de Higüey, es una declaración de principios contra el centralismo cultural que ha afectado a nuestro país por décadas. Es decirle a un joven de Valverde o a una contadora de historias en Samaná: «Tu perspectiva importa. Tu entorno es un escenario válido. Tu voz tiene el mismo derecho a ser escuchada que una producida en el polígono central de la capital».

Este no es un detalle menor; es, posiblemente, el aspecto más trascendental y potencialmente transformador de toda la iniciativa. ¿Significa esto que ahora seremos inundados por obras maestras? Probablemente no. La democratización siempre trae consigo un aumento en el ruido.

Pero entre ese ruido, inevitablemente, surgirán voces auténticas, urgentes y necesarias que, de otro modo, habrían permanecido en silencio. Voces que no buscan imitar a Hollywood, sino hablar desde su verdad, con su acento y su color local.

¿La próxima película
dominicana?

La llegada de SmartFilms, impulsada por la pasión evidente de Reynoso y Rodríguez y el respaldo crucial de la DGCINE, no es solo una buena noticia para la industria del cine. Es una epifanía. La herramienta ya está en nuestras manos. La verdadera pregunta ahora no es si podemos hacer cine, sino qué vamos a decir con él.

Loading

Descubre más desde eltiempo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo