Los emprendimientos, sin importar su magnitud o alcance de éxito, se inician con una idea que es la piedra angular para estructurar todo un engranaje productivo que genere riquezas para los propietarios, inversionistas o accionistas. Es cuestión de observar el entorno y mirar alguna necesidad que se tenga que cubrir en cualquiera de las segmentaciones de mercado y así comenzar a preparar un proyecto que pueda cubrir de manera satisfactoria la demanda generada por dicha necesidad.
Una idea emprendedora también puede surgir para cubrir una necesidad única, la cual por alguna razón no ha podido ser satisfecha, lo que podría ser una “Ventaja Competitiva”. Sin importar que necesidad cubra o de que manera cubra alguna demanda, si esa idea se lleva a cabo con el tecnicismo y los pasos adecuados, se pudiera llegar a crear un emporio que generaría riquezas y garantizaría una estabilidad económica para los emprendedores.
El autor Andy Freire señala, a través de su teoría del triángulo del emprendedor, que la idea de negocio o emprendimiento con viabilidad comercial es uno de los tres pilares fundamentales que el emprendedor debe combinar junto con el capital. Una vez se tenga la idea de emprendimiento, los pasos clave son realizar un estudio de mercado que se debe de generar en base a esa necesidad que origina la idea, así se podrá validar el proyecto con clientes reales, lo que permitiría crear un plan de negocio o prototipo.
Es de vital importancia que el estudio de mercado arroje quiénes son los competidores y si existe una demanda real para el producto o servicio que se piensa lanzar al mercado. Igualmente se tiene que definir con un margen estrecho de precisión a quién se le va a vender y qué necesidad específica se va a satisfacer. Se tiene que tomar en cuenta que la prueba de validación temprana ayuda a que se cree una realidad más concreta al poner en el mercado un prototipo que vendría como prueba para así analizar si el público asimila o no el posible producto o servicio.
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