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La fe que agrada a Dios

Por Tharadin Isenia Según la Biblia

La Palabra de Dios declara en Hebreos 11:6: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios». A partir de esta afirmación, podemos preguntarnos: ¿todo el que tiene fe agrada al Señor? Antes de responder, conviene preguntarnos qué es la fe. Desde una perspectiva secular, la fe puede entenderse como la confianza o convicción que una persona deposita en alguien o en algo, aun sin tener certeza absoluta de aquello que espera.

Sin embargo, la fe bíblica va más allá de una simple expectativa. Hebreos 11:1 dice: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Aquí la fe adquiere un sentido más profundo: no solo importa tener fe, sino también en quién o en qué decidimos depositarla. Muchas personas tienen fe en distintas cosas: en que ganarán la lotería, en que la vida les dará lo que merecen o incluso en sus propias capacidades.

Pero ¿es cualquier tipo de fe la que agrada a Dios? La fe que agrada a Dios es una fe alineada con su Palabra, sus mandamientos y su voluntad. Esta verdad se refleja en los ejemplos que presenta Hebreos 11, como Noé, Abraham y Sara. Todos tuvieron algo en común: creyeron a Dios y actuaron conforme a lo que Él les había dicho. No fue una fe cualquiera, sino una fe guiada por Jehová y demostrada mediante la obediencia. Esta fe nace al oír la Palabra, como enseña Romanos 10:17. Al recibirla, nuestra fe dirige la mirada hacia Jesús, «el autor y consumador de la fe» (Hebreos 12:2). Y al mirar a Cristo, somos llamados a vivir conforme a su ejemplo. Por eso, la fe no se limita a escuchar, sino que nos impulsa a poner en práctica la Palabra y a ser hacedores de ella, tal como exhorta Santiago 1:22.

La fe verdadera nos lleva a renunciar a nuestra voluntad para seguir a Cristo, confiar en sus promesas y caminar conforme a las Escrituras. También nos sostiene en medio de las dificultades y nos permite vivir en paz aun durante la tormenta, porque descansamos en Aquel que prometió estar con nosotros. Es por esto por lo que, cuando el carcelero de Filipos preguntó qué debía hacer para ser salvo, Pablo y Silas respondieron: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo» (Hechos 16:31).

Esta respuesta muestra que la fe que agrada a Dios no está puesta en nuestros deseos, nuestras capacidades ni las circunstancias, sino en Jesucristo. Entonces, ¿todo el que tiene fe agrada al Señor? La Escritura nos muestra que no se trata simplemente de tener fe, sino de dónde está puesta. La fe que agrada a Dios tiene a Dios como centro, se fundamenta en su Palabra y se demuestra mediante una vida de obediencia.

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