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La armonía

Por Vianela Blanco Con los ojos abiertos

“Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía, porque allí envía Jehová bendición y vida eterna” (Salmos 133:1-3). La armonía es el valor que permite al hombre entrar en un vínculo con sus semejantes y en una relación de dar y recibir con todas las cosas que le rodean. Esto produce un estado de satisfacción y bienestar interior y exterior, tanto en uno mismo como en los otros seres con quienes nos relacionamos.

Los sinónimos de armonía son: paz, plenitud, calma y tranquilidad. En estos tiempos en que se aproxima la temporada navideña, se pone muy de moda la palabra armonía. Todo el mundo la menciona y la desea a los demás, ya sea personalmente o a través de la radio, redes sociales, llamadas telefónicas, televisión… pero, en realidad, no pasa de ser un simple deseo y nada más.

Si con nuestro accionar demostramos todo lo contrario, siendo chismosos, mentirosos deshonestos y poco solidarios, entre otras perlas, ¿cree usted que realmente deseemos armonía a los demás? Mis queridos, vamos a revisarnos y no nos engañemos a nosotros mismos. Si descubrimos en nosotros los antivalores referidos arriba, hagamos una profilaxis (limpieza) interna para corregir, con la ayuda de Dios, nuestro proceder y podamos reflejarlo en nuestro día a día, conduciéndonos de manera distinta.

Amigos lectores, practiquen siempre el valor de la armonía y no solo en tiempos navideños. Las personas que incorporan esta virtud a sus quehaceres diarios se convertirán automáticamente en sujetos pacificadores —¡qué privilegio!, pues la Biblia nos dice que ellos verán a Dios. Padres, madres, tutores, inculquémosles a nuestros vástagos esta valiosa cualidad. Al hacerlo, estaremos regalando a esta sociedad, que cada vez es más indolente, personas que fomenten la cultura de la paz.

Piensen cuántos conflictos pudiéramos evitarles a nuestros hijos y a los demás con tan solo enseñarles a practicar la virtud de la armonía. Y para despedirme, les dejo esta hermosa y profunda frase de Marcela Otero: “Mi armonía es real y nunca permitiré que nada ni nadie me la quite, porque es mi esencia, es mi principio básico por el amor de Dios”. Será hasta la próxima, si Dios lo permite. Bendiciones del Altísimo.

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