En Verón-Punta Cana, la contaminación visual se ha convertido en un problema creciente que afecta tanto a residentes como a turistas. Cada día aparecen más estructuras publicitarias, algunas de gran tamaño, mientras que las señales de tránsito, que deberían guiar a los conductores y peatones, son cada vez menos visibles o se encuentran en estado de deterioro.
Mirando el Bulevar Turístico del Este, la vía principal que conecta el Aeropuerto de Punta Cana con las zonas hoteleras, nos muestra la saturación de anuncios de todo tipo. Desde promociones de proyectos inmobiliarios hasta campañas de servicios y productos, las vallas se han convertido en un elemento predominante en el paisaje urbano, opacando la estética de la zona turística.
La situación se agrava porque no hay un control evidente sobre la instalación de estas estructuras. No se respetan distancias mínimas entre una y otra, lo que da la impresión de un crecimiento desordenado y sin planificación. Además, la falta de supervisión ha permitido que muchas de estas vallas sean colocadas sin los criterios adecuados de seguridad, lo que representa un riesgo en caso de fuertes vientos o tormentas. El problema no solo afecta la imagen de la zona, sino que también impacta la seguridad vial.
En muchas intersecciones, las vallas han ocupado espacios estratégicos, reduciendo la visibilidad de los conductores y aumentando el riesgo de accidentes. Además, los peatones también se ven perjudicados, ya que algunas estructuras invaden las aceras y dificultan el libre tránsito.
Las autoridades deben tomar medidas urgentes para controlar esta situación antes de que Verón-Punta Cana se convierta en un caos visual sin retorno. Si esto conlleva un proceso de supervisión, ¿cómo es posible que cada día haya más vallas y empresas nuevas operando en el sector?
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