Si bien es cierto que en la parte más occidental de la República Dominicana existe una comunidad considerable de nacionales haitianos, también lo es que esa zona, especialmente Friusa, es el arribo, por así decirlo; pues el punto de partida es la frontera.
Por consiguiente, quienes ven la zona turística de Verón-Bávaro-Punta Cana como una amenaza para la seguridad nacional y para los cientos de miles de visitantes de otras latitudes del mundo, deben preocuparse y dirigir sus esfuerzos hacia la frontera domínico-haitiana.
Allí está el punto de partida. Monte Cristi, Dajabón, Elías Piña, Independencia y Pedernales son las provincias que delimitan la República Dominicana con Haití, teniendo como cordón umbilical las corrientes serpenteantes del río Dajabón o Masacre; pues en ellas está la génesis incontrolada de la comunidad haitiana que ha calcado todo el suelo dominicano, incluyendo Friusa como ciudad-destino.
Si se toma en cuenta la geografía y se siguen las rutas de las carreteras actuales, entre La Altagracia y las provincias que comprenden la frontera domínico-haitiana existen aproximadamente 400 kilómetros de distancia. Por lo tanto, para llegar a Friusa resulta necesario recorrer ese trayecto e, igualmente, imprescindible pasar por diferentes municipios junto con sus autoridades civiles, diversos destacamentos policiales, algunos puestos militares, uno que otro retén y varios operativos migratorios en el camino.
Dependiendo de la ruta tomada, resulta obligatorio pasar por la capital dominicana. Ahora bien, reflexionemos a través de las siguientes preguntas: ¿Friusa es sinónimo de haitianidad, de delincuencia, de drogadicción, de desorden social, de ausencia de las autoridades civiles y militares?
¿Friusa representa verdaderamente una amenaza para los altagracianos, el país y los cientos de miles de visitantes de otras latitudes del mundo que han elegido Uvero Alto-Bávaro-Punta Cana como destinos turísticos? ¿Friusa no aporta económicamente a la economía local y nacional? ¿Las autoridades civiles y militares de la provincia La Altagracia han pasado de manera inadvertida ante esta realidad social?
Por supuesto, a esas preguntas retóricas no pretendo darles respuesta, pues cada actor de la vida nacional tiene y debe jugar su rol. Simplemente procuro captar su atención y que juntos meditemos, buscando propuestas saludables.
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