SAN PEDRO DE MACORÍS. El cierre de las operaciones de Gildan en el parque de zona franca de San Pedro de Macorís, completado el pasado 22 de octubre, dejó a más de 1,400 trabajadores sin empleo y abrió un período de incertidumbre para las familias que dependían de esos ingresos, según relataron exempleados que ahora enfrentan el reto de encontrar nuevas fuentes de sustento.
Aunque valoraron el trato recibido durante sus años en la compañía y el cumplimiento de sus compromisos laborales, los trabajadores expresaron preocupación por las consecuencias económicas de perder un empleo que, en muchos casos, representaba el principal ingreso de sus hogares.
Scarlin Beatriz Sánchez Roberto, quien trabajó durante tres años y dos meses como operaria de cuello, contó que la noticia del cierre le causó un fuerte impacto, pues dependía de ese salario y todavía no tiene claro cómo generará ingresos en los próximos meses.
Explicó que durante un tiempo circularon informaciones contradictorias sobre el futuro de la empresa, lo que mantuvo la incertidumbre entre los empleados. Posteriormente, recibió una comunicación en la que le informaron sobre la decisión de cerrar las operaciones.
Pese a la preocupación por su situación económica, Sánchez Roberto describió a Gildan como una excelente empresa y destacó el trato que recibió durante su permanencia en las instalaciones. También me aseguró que la compañía cumplió con el pago de las prestaciones laborales correspondientes y que los trabajadores recibieron sus liquidaciones.
Para Raúl Vicente Rodríguez, quien laboró en la empresa durante más de siete años, las consecuencias del cierre van más allá de los empleados que perdieron sus puestos. A su juicio, la salida de la compañía representa un golpe para la economía de San Pedro de Macorís, donde numerosas familias dependen de las oportunidades laborales disponibles.
Rodríguez recordó que alrededor de 1,400 trabajadores tenían un empleo directo en la empresa y señaló que la actividad también beneficiaba a pequeños comerciantes y prestadores de servicios de la zona.
“De ahí vivían muchos motoconchos, fruteros, tiendas, mujeres que traían comida para vender aquí, son mucha gente que a partir del cierre le cambia la vida”, manifestó.
Ante esta situación, pidió a las autoridades vinculadas al sector de zonas francas que gestionen la instalación de nuevas empresas en la provincia para generar empleos y contribuir a compensar las plazas perdidas.
La preocupación también alcanza a los hogares que dependían de los salarios para cubrir sus necesidades básicas. Juana López, quien trabajaba en el área de limpieza, expresó inquietud por las dificultades económicas que podrían enfrentar numerosas familias, especialmente aquellas en las que madres o padres asumían la responsabilidad principal de mantener el hogar.
López consideró que los desempleados tendrán que reorganizar sus compromisos económicos, buscar otras oportunidades laborales y adaptarse a una nueva realidad para continuar sosteniendo a sus familias.
Sus testimonios reflejan la incertidumbre que deja el cierre de una fuente de empleo estable, sobre todo entre quienes todavía no cuentan con alternativas para sustituir los ingresos que recibían.
CIERRE DE OPERACIONES SIN NOTIFICACIÓN FORMAL
Mientras los exempleados comienzan a afrontar las consecuencias laborales y económicas del cierre, Radhamés Jabalera, encargado de Proindustria en San Pedro de Macorís y responsable de la administración del parque de zona franca, sostuvo que, hasta el 22 de octubre, la empresa no había entregado una notificación formal a la institución sobre su salida.
La declaración plantea una diferencia entre la conclusión de las operaciones de Gildan y la comunicación administrativa con la entidad responsable de gestionar las instalaciones del parque.
Para San Pedro de Macorís, el desafío ahora es encontrar alternativas que permitan generar nuevas oportunidades laborales, mientras los trabajadores afectados buscan cómo reemplazar los ingresos con los que sostenían a sus familias.

![]()


