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Migración y turismo: no confundamos el debate

Por Altagracia Santana

En República Dominicana, el debate migratorio ha tomado un lugar central en las discusiones nacionales, y no sin razón. La realidad es innegable: el país requiere mayor control fronterizo y una política migratoria más determinante. Sin embargo, hay que saber distinguir. En momentos de efervescencia, cuando la preocupación legítima se convierte en clamor popular, siempre existen quienes buscan pescar en río revuelto.

No podemos permitir que el justo reclamo por un mejor control migratorio se desvirtúe con relatos que nada tienen que ver con el problema en cuestión. La industria turística, columna vertebral de la economía nacional, no debe ser arrastrada como daño colateral de este debate. República Dominicana no es un caso aislado del uso de mano de obra extranjera en el sector turístico. El mundo entero, desde los viñedos de Francia hasta los rascacielos de Dubái, recurre a trabajadores migrantes como parte de su dinámica económica.

La presencia de ciudadanos haitianos en la construcción y en distintos oficios relacionados con el turismo es una realidad, pero es un tema que debe analizarse desde la óptica de la regulación laboral, no desde el alarmismo y la manipulación. La seguridad migratoria es una deuda pendiente del Estado, pero la estabilidad del turismo es una joya preciosa que debemos proteger.

Ambos temas requieren atención, pero deben abordarse con sensatez, con la mirada puesta en soluciones. No en descalificaciones. Exijamos orden y control en nuestras fronteras, pero sin permitir que se empañe la reputación de la industria turística nacional, que es y seguirá siendo la gran apuesta de desarrollo para República Dominicana.

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