Ninguna sociedad puede considerarse plenamente segura mientras existan mujeres que deban abandonar su hogar para proteger su vida.
Esa es la realidad que reflejan las Casas de Acogida en República Dominicana, espacios creados para resguardar a víctimas de violencia machista que enfrentan niveles de riesgo tan elevados que les resulta imposible permanecer en su entorno habitual.
Durante los primeros tres meses de 2026, en todo el país, estos refugios brindaron protección a 332 personas, entre mujeres, niños y adolescentes.
La cifra, más que un simple dato administrativo, evidencia la persistencia de una problemática que continúa atravesando hogares, comunidades y generaciones enteras.
Las Casas de Acogida constituyen una herramienta indispensable. Salvan vidas, ofrecen acompañamiento psicológico, asistencia legal y permiten a las víctimas iniciar un proceso de recuperación. Sin embargo, también confirman la crudeza de un tipo de violencia que sigue ganando terreno en nuestra sociedad.
Resulta especialmente preocupante que una gran parte de las personas protegidas sean menores de edad.
Niños y adolescentes que no solo acompañan a sus madres en la búsqueda de refugio, sino que también cargan con las secuelas emocionales de haber crecido en ambientes marcados por el miedo, las amenazas y las agresiones.
Aunque durante el primer trimestre de 2026 se registraron 39 protecciones menos que en el mismo período de 2025, la cifra sigue siendo alarmante.
Mientras siga siendo necesario ocultar a mujeres y sus hijos para garantizar su supervivencia, la violencia machista continuará como una deuda pendiente.
Saludamos que las Casas de Acogida sean opciones de protección, pero lo verdaderamente transformador sería construir una sociedad donde ninguna mujer tenga que escapar para seguir viviendo.
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