REDACCIÓN
Verón-Punta Cana, un grupo de mujeres ha encontrado en la transformación de fundas plásticas una forma de generar ingresos y dinamizar su entorno.
Organizadas en un taller comunitario desde hace más de una década, han convertido un material de desecho en una línea de productos artesanales que hoy forma parte de su sustento y de la oferta local.
Lo que inició como una práctica sencilla ha evolucionado en un modelo de producción constante, donde cada integrante aporta desde sus posibilidades.Entre tareas del hogar, estudios y otras responsabilidades, encuentran espacios para tejer, diseñar y crear piezas que luego son comercializadas, demostrando que la organización y la disciplina pueden abrir oportunidades sostenidas.
El alcance de esta experiencia va más allá de lo económico. En el proceso se construyen vínculos, se comparten conocimientos y se fortalecen capacidades.Niñas que observan a sus madres terminan aprendiendo el oficio, mientras mujeres adultas consolidan habilidades que les permiten aportar a sus hogares y proyectarse con mayor independencia.
Cada pieza refleja no solo creatividad, sino también una historia de constancia. Las cifras nacionales muestran brechas importantes en el acceso al empleo para las mujeres, pero iniciativas como esta evidencian que existen caminos alternativos cuando se combinan voluntad, aprendizaje y trabajo colectivo.
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