En la calle Beller el agua decidió mudarse de forma permanente. La fuga riega el asfalto, crea charcos “decorativos” y va hundiendo la vía como si fuera parte del paisaje urbano. Conductores y peatones hacen malabares para pasar, mientras esperan que alguien cierre la llave antes de que la calle termine convertida en piscina municipal.
![]()


