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Movimiento con amor: la clave de la fisioterapia post-mastectomía

Por Hilma Feliciano

EL SEIBO. Tras una mastectomía, el cuerpo y el alma atraviesan una transformación profunda. La cirugía no solo deja una cicatriz física, sino también emocional. Sin embargo, el proceso de recuperación puede ser más llevadero cuando la paciente cuenta con una guía profesional adecuada. La fisioterapia juega un papel esencial en ese camino: ayuda a devolver la movilidad, la fuerza y, sobre todo, la confianza.

La licenciada en terapia física y directora de área en Rehabilitación, Jilmary Tiburcio, explica que el propósito principal de la fisioterapia tras una mastectomía es “devolverle al cuerpo su movilidad, fuerza y confianza”.

Según detalla, después de este tipo de cirugía pueden aparecer inflamación, pérdida de movimiento, dolor e incluso cambios en la postura. “La fisioterapia busca restaurar la función del hombro y del brazo, disminuir el dolor, mejorar la calidad del tejido cicatricial, prevenir complicaciones como la linfedema y acompañar a la paciente a reconectar con su cuerpo desde la empatía, no desde la prisa”, resalta.

EL MOMENTO IDEAL

El proceso de recuperación debe comenzar tan pronto el médico tratante lo autorice. “Siempre el movimiento será un beneficio adicional a la cirugía”, afirma Tiburcio. En su experiencia, la movilización temprana favorece el retorno de la circulación y reduce el riesgo de complicaciones como trombos o estreñimiento. “Yo iniciaba el movimiento de las piernas en la cama después de las primeras seis horas de la cirugía, sin movimientos bruscos ni forzados. A las 24 horas, comenzaba a caminar pequeñas distancias dentro de la clínica”, explica. Los brazos, por su lado, deben moverse de forma progresiva, sin ejercer fuerza ni levantar peso durante las primeras semanas.

La clave está en respetar el proceso de cicatrización y permitir que el cuerpo avance a su ritmo, siempre bajo supervisión profesional.

EJERCICIOS INICIALES

Durante las primeras etapas, la fisioterapia se centra en ejercicios de respiración profunda, movilidad suave del cuello y hombros, y movimientos pasivos o asistidos del brazo operado. El objetivo no es hacer mucho, sino hacerlo bien. “Siempre sugiero pensar en cómo moverías a la persona que más amas; así mismo debe ser con una persona que pasó por una mastectomía”, recomienda Tiburcio. Su enfoque se resume en tres palabras: movimientos con amor. “Lentos, sin dolor, que favorezcan la circulación y eviten la rigidez”, agrega. La paciencia y la constancia son esenciales para que el cuerpo se recupere sin generar más daño.

PREVENCIÓN DEL LINFEDEMA

Una de las complicaciones más temidas tras una mastectomía es la linfedema, una inflamación causada por la acumulación de líquido linfático debido a la extracción de ganglios. La fisioterapia desempeña un papel preventivo y terapéutico clave mediante el drenaje linfático manual y la educación sobre el cuidado del brazo afectado. “Es importante evitar cargar peso, exponerse a calor excesivo o aplicar presión sobre la zona”, explica Tiburcio. También recomienda ejercicios que favorezcan el retorno de líquidos y el cepillado en seco. Pero más importante aún es enseñar a las pacientes a reconocer las señales tempranas de alarma: sensación de pesadez, tirantez o aumento de volumen.

VENCER EL MIEDO Con un plan de fisioterapia adecuado, la movilidad del brazo y del hombro del lado operado se recupera de manera gradual. “El movimiento vuelve a sentirse propio, sin miedo ni rigidez”, asegura la especialista. Sin este acompañamiento, muchas mujeres pueden quedarse con limitaciones que afectan su fuerza, independencia y calidad de vida. Existen técnicas específicas para reducir el dolor y la rigidez postoperatoria, como el drenaje linfático manual, la movilización del tejido cicatricial y la reeducación postural. Además, la terapia de oscilación profunda puede ayudar a disminuir la inflamación y mejorar la reorganización del tejido en proceso de sanación.

UNA RECUPERACIÓN EMOCIONAL

El impacto de la fisioterapia va mucho más allá del cuerpo. Tiburcio, quien además es sobreviviente de cáncer, lo sabe de primera mano. “Durante mi quimioterapia, radioterapia y procesos quirúrgicos, hice fisioterapia, movimiento y ejercicio. Eso marcó una gran diferencia en mi respuesta y tolerancia al tratamiento”, confiesa. La fatiga prolongada es un síntoma común tras los tratamientos oncológicos, y el movimiento controlado ayuda a mitigarla. “El ejercicio activo debe ser manejado por profesionales de la salud, pues es fundamental conocer el cuerpo, los efectos secundarios y la tolerancia al esfuerzo”, explica.

MOVILIDAD DEL BRAZO En la mayoría de los casos, la respuesta es sí. “Requiere constancia y acompañamiento profesional, pero es alcanzable”, asegura Tiburcio. Ella misma lo ha comprobado: “Tengo una mastectomía bilateral y del lado del cáncer perdí unos 25 grados de movimiento al elevar el brazo derecho por encima de la cabeza. Sin embargo, no me impide hacer mis actividades cotidianas. Esos últimos grados no son tan necesarios; los importantes, ya los tengo”.

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