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No podemos emprender para quebrar

Por Katherine Mora Lo que no se dice

En República Dominicana se habla mucho de emprendimiento, pero muy poco de las condiciones reales en las que nace y muere una idea de negocio. El Estado invita constantemente a los jóvenes a “formalizarse”, a crear empresas, a pagar impuestos, pero rara vez se detiene a reconocer que el sistema está diseñado para que el pequeño emprendedor no sobreviva más de dos años.

Mientras un hotelero extranjero llega al país y encuentra un andamiaje de incentivos como la Ley CONFOTUR, que le exonera impuestos y le garantiza facilidades, el dominicano que abre una cafetería o una barbería tiene que enfrentarse a una maraña de permisos, impuestos adelantados y trámites que no entiende. Uno recibe beneficios; el otro recibe obligaciones.

Y ambos están emprendiendo. Según datos del Banco Central, más del 53.4 % de los trabajadores dominicanos pertenecen al sector informal, lo que significa que más de 2.7 millones de personas trabajan sin seguridad social ni acceso a pensión. En sectores como la construcción, la informalidad supera el 90 %, y en el comercio minorista ronda el 70 %.

Estas cifras no reflejan falta de ganas, sino un sistema que asfixia al que intenta crecer desde abajo. Formalizarse en República Dominicana significa asumir costos que muchas veces superan los ingresos iniciales: impuestos adelantados, registros costosos, contabilidad obligatoria, reportes mensuales a la DGII y una lista interminable de requisitos.

Por eso, miles de pequeños negocios prefieren quedarse en la informalidad, no porque quieran evadir, sino porque el sistema no está hecho para su tamaño ni para su ritmo. Y mientras tanto, se siguen multiplicando los discursos sobre “apoyo al emprendedor”, sin atacar el problema de fondo: la desigualdad en el acceso a oportunidades.

Si el Estado quiere que la gente se formalice, primero debe ofrecer incentivos reales, simplificar los procesos, reducir los costos y crear un régimen fiscal adaptado a las micro y pequeñas empresas. Porque no se trata solo de abrir negocios, se trata de que esos negocios puedan sostenerse. De lo contrario, seguiremos formalizando sueños para verlos quebrar.

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