Punta Cana. Durante años se ha repetido el dicho: “Desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo”. Según varios expertos, no es un mal consejo. Sin embargo, en Estados Unidos muchas personas hacen lo contrario y consumen su comida más abundante por la noche.
La investigadora Marta Garaulet, de la Universidad de Murcia, ha observado que muchos estadounidenses están tan ocupados durante el día que apenas comen hasta la cena. Esto contrasta con países como España, donde el almuerzo suele ser la comida principal y la cena es ligera, como una sopa, ensalada o algo de pescado.
Aunque durante mucho tiempo los estudios se centraron en qué comemos y no en cuándo lo hacemos, las investigaciones actuales muestran que el horario y el tamaño de las comidas sí influyen en la salud. Comer la mayor cantidad de calorías por la noche se relaciona con más riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión.
En el articulo ¿La cena debe ser la comida menos abundante del día? del New York Times, una de las razones es el reloj interno del cuerpo. Por la mañana, el organismo está mejor preparado para procesar los alimentos y usar la energía. Por la noche, en cambio, órganos como el hígado y el páncreas funcionan más lentamente, lo que dificulta controlar el azúcar en sangre.
Además, antes de dormir aumenta la melatonina, una hormona que ayuda a conciliar el sueño, pero que también reduce la producción de insulina. Esto puede hacer que el azúcar en sangre permanezca elevado más tiempo después de una cena abundante y favorecer el almacenamiento de grasa.
Los expertos aconsejan no hacer de la cena la comida principal del día y evitar comer muy tarde. Recomiendan tomar un desayuno nutritivo con proteínas, como huevos o yogur, y un almuerzo completo. Para la cena, es mejor elegir alimentos ligeros y saludables, como verduras, legumbres, pescado o pollo, y reducir los productos procesados y azucarados.
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