Sin tapujos

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Muy mala idea

“Están enojados conmigo; me la ponen difícil cuando solicito alguna información”. El relato es de una periodista víctima de la actitud desdeñosa que en su contra exhiben funcionarios municipales, porque escribió sobre un tema que no era de su agrado.

Los periodistas vivimos con esa cruz a cuesta, que cada vez pesa más sobre nuestro quehacer profesional. Es un conflicto eterno, y su esencia radica en que hay funcionarios que aún no entienden que su paso por una institución del Estado es efímero.

Un día recogen esas fotos familiares acomodadas en su escritorio, y se van. Los cargos públicos tienen esa particularidad, que alegran y emocionan, pero igual decepcionan y sacan a muchos de un mundo de ensueños que creyeron infinito.

Decir lo que hacen y el porqué de cada actuación no está sujeto a la voluntad o conductas caprichosas de un servidor público. Es su obligación. Y punto.

Ocultar informaciones de interés público, además de reñir con la ley, es una falta de respeto y afrenta imperdonable de cualquier funcionario, ante el pueblo bondadoso que paga de sus bolsillos el salario que recibe.

Mostrar un comportamiento hostil ante un periodista que sólo cumple su misión inquebrantable de recabar y difundir informaciones de interés general, es una actitud merecedora del más alto repudio colectivo. Condenable y despreciable.

Digámoslo de nuevo: las instituciones del Estado no son negocios privados. No importa cuán encumbradas sean sus funciones, todas las veces que sea necesario, las instituciones públicas están obligadas a rendir cuentas y atender requerimientos razonables de los periodistas.

No hacerlo en buena lid, convierte ese funcionario en sospechoso de ocultamiento deliberado de informaciones valiosas para la ciudadanía. Y eso sería desastroso para el burócrata altanero o de exigua formación en el manejo de asuntos públicos.

La transparencia es el mecanismo más eficaz para medir el éxito en el ejercicio de una labor estatal. La intimidación como recurso avieso para vedar el trabajo de un periodista, es una muy mala idea que suele pagarse con un alto precio.