lunes, mayo 27, 2024
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Sin tapujos

Angustiante 

Una historia, de las muchas que he tenido la dicha de contar como periodista, marcó para siempre mi carrera. Y como ser humano, como persona, me hizo ver un ángulo distinto del valor de la vida.

Una señora capitaleña compartió conmigo su desventura: un hijo suyo salió al colmado a comprar los ingredientes para unas “habichuelas con dulce”, y jamás regresó.

Cuando la entrevisté, tenía siete años esperando a su hijo. Tenía una foto suya, que apretujaba a su cuerpo mientras lloraba sin parar. Aquel díacomentó la mujersu hijo estaba feliz, porque “las habichuelas con dulce” era de sus platos preferidos.

Lo que acordamos como entrevista, para una serie de reportajes que escribía sobre personas desaparecidas, giró hacia una plática incómoda. Sus frases desganadas fueron estorbadas por lágrimas que rodaban sin parar.

Pero decidió contarme. Aquel diálogo fue punzante, en medio de una escena rompe alma: toda la casa adornada con fotos de su retoño, de poco más de 20 años. Y en la cocina, la madre destrozada aún guardaba el caldero donde cocinaría las habichuelas, cuando su hijo regrese.

Era Semana Santa, como esta que inicia hoy. Ella le indicó a su hijo que fuera a comprar pasas, leche y galletitas, para darle sabor a las habichuelas. Ya el caldero calentaba sobre la estufa. Solo esperaba a su hijo con los condimentos.

Como no llegaba, la madre fue por él. No lo vio por ningún lado. En el colmado no le dijeron nada que calmara su angustia, que comenzaba a crecer a la par con los latidos de su corazón.

Había oído y leído noticias sobre personas desaparecidas, pero quizás nunca imaginó ser parte de este drama. Una fuerte sacudida en sus adentros la hizo entender que a partir de ese instante algo terrible iniciaba para su vida.

El instinto infalible y perfecto de madre le señalaba que algo no andaba bien. Caminó varias esquinas; dio varias vueltas por el mismo lugar, preguntando por doquier, llorando a gritos, vociferandoEntonces supo lo peor.

Sin Tapujos

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