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Litigar o negociar

Por Samuel Rivera Mirada Jurídica

En el ejercicio del derecho, una de las decisiones más importantes que enfrentan abogados y partes en conflicto es determinar si conviene litigar o negociar. Aunque el litigio ha sido tradicionalmente el mecanismo más utilizado para resolver disputas, cada vez resulta más evidente que la negociación puede ofrecer soluciones más rápidas, eficientes y sostenibles.

El litigio judicial cumple una función esencial dentro del Estado de derecho: garantizar que los conflictos puedan resolverse ante un juez imparcial, conforme a la ley y dentro de un proceso que respete el debido proceso. Sin embargo, la realidad de muchos sistemas judiciales muestra que los procesos pueden ser prolongados, costosos y, en ocasiones, inciertos.

La congestión de los tribunales, los múltiples recursos y los plazos procesales suelen extender la duración de los casos durante años. Cuando un conflicto llega a los tribunales, las partes entran en una dinámica adversarial en la que cada una busca obtener la victoria jurídica. Este modelo es necesario en determinadas circunstancias, especialmente cuando se trata de proteger derechos o establecer responsabilidades legales.

No obstante, también puede generar un clima de confrontación que dificulta soluciones prácticas y duraderas. Por otro lado, la negociación permite que las partes participen activamente en la construcción de una solución. A diferencia del litigio, donde un tercero decide, en la negociación las partes mantienen el control del resultado. Esto facilita acuerdos más flexibles y adaptados a los intereses reales de quienes participan en el conflicto.

El jurista Roger Fisher, reconocido por sus estudios sobre negociación, señalaba que los conflictos pueden resolverse de manera más eficiente cuando se enfocan en los intereses de las partes y no únicamente en posiciones rígidas. Este enfoque ha influido en el desarrollo de mecanismos como la mediación y la conciliación, que hoy forman parte de los sistemas modernos de administración de justicia. Esto no significa que el litigio deba desaparecer.

Hay situaciones en las que acudir a los tribunales es indispensable, particularmente cuando existe abuso, mala fe o violación de derechos. Sin embargo, el abogado contemporáneo debe comprender que su rol no se limita a litigar, sino también a buscar soluciones inteligentes que permitan resolver conflictos de manera eficaz y responsable.

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