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La tanda escolar extendida y la falta de cupos

Por María Herrera En el punto

La implementación de la tanda escolar extendida en la República Dominicana, iniciada en 2012, nació con una promesa transformadora: mejorar el aprendizaje mediante una mayor permanencia de los estudiantes en los centros educativos, complementada con alimentación, talleres y mecanismos de protección social. Sin embargo, más de una década después, el modelo avanza sobre una cuerda floja.

La intención es valiosa, pero la realidad revela un sistema que creció más rápido que su infraestructura, sus recursos y la disponibilidad de personal. El principal error de origen fue convertir escuelas diseñadas para operar en dos tandas en centros de jornada extendida, sin ampliar proporcionalmente sus instalaciones.

Al eliminar la rotación de estudiantes entre la mañana y la tarde, la capacidad de matrícula se redujo de manera considerable. Esto se traduce hoy en una fuerte presión para las familias y en una falta persistente de cupos que, para el año escolar 2026- 2027, mantiene a muchos padres en incertidumbre. Desde el Ministerio de Educación se han anunciado esfuerzos, entre ellos la resolución de 157,000 solicitudes de cupos y el apoyo para que 15,000 estudiantes sean acogidos en centros privados, según informó el viceministro Ayacex Mercedes Contreras. Aun así, estas medidas parecen insuficientes frente al volumen de la demanda.

Es contradictorio hablar de más oportunidades y reconocer la educación como la principal vía para transformar vidas, mientras cientos de familias recorren escuelas cada período lectivo sin la certeza de conseguir un asiento para sus hijos. La jornada extendida no puede limitarse a mantener a niños y adolescentes ocho horas dentro de un plantel.

Ese tiempo adicional solo adquiere valor si se convierte en oportunidades reales de desarrollo integral: lectura, arte, deporte, tecnología y formación ciudadana. Sin embargo, persisten centros educativos sin comedores adecuados, áreas deportivas, bibliotecas, laboratorios, salas de informática ni espacios suficientes para esas actividades. También preocupa la situación del personal docente. Muchos profesores enfrentan jornadas prolongadas sin condiciones dignas para descansar, alimentarse o preparar sus clases. A esto se añade la necesidad de una formación continua que les permita responder con calidad a las exigencias de este modelo educativo.

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