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Hablar salva vidas

Por KATIUSKA DE CAMPS Psiquiatría en el siglo XXI

El 10 de septiembre se conmemoró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Cada año, cerca de 800,000 personas se quitan la vida en el mundo, según datos de la OMS. Esta cifra alarmante no es solo una estadística: son vidas, familias, historias que se apagan.

En muchos casos, el suicidio no es un acto impulsivo, sino el resultado de un sufrimiento emocional profundo y persistente, agravado por el estigma, la soledad y la falta de acceso a atención especializada. Como psiquiatra con formación en neuropsicología clínica, terapia familiar y alta gerencia, he acompañado a muchos pacientes que han transitado por la oscuridad del pensamiento suicida. Hoy, más que nunca, urge hablar del suicidio con responsabilidad, compasión y conocimiento.

El suicidio no es una patología en sí misma, sino un desenlace trágico que puede surgir en el contexto de múltiples trastornos mentales. A menudo, aparece como una manifestación del agotamiento psíquico, cuando la persona percibe que ya no hay salida ni recursos internos para lidiar con su malestar.

Síntomas que no debemos ignorar Aunque cada historia es única, existen señales de alerta comunes: •Aislamiento social progresivo.

•Comentarios como “ya no valgo nada” o “quisiera dormir para siempre”.

•Cambios bruscos en el estado de ánimo.

•Desesperanza persistente.

•Regalos o despedidas inesperadas.

•Abandono de responsabilidades o de la higiene.

•Búsqueda de métodos para autolesionarse.

Reconocer estos signos a tiempo puede salvar vidas. El suicidio no solo afecta a quien lo vive, sino también a todo su entorno:

•En el trabajo: disminuye la productividad y crea climas laborales cargados de culpa y ansiedad. •En la familia: deja secuelas de duelo complicado, trauma y preguntas sin respuesta.

•En la sociedad: alimenta el estigma, la desinformación y el miedo. El duelo por suicidio es una forma de dolor silenciado. Quienes lo viven, muchas veces, no se atreven a pedir ayuda. No esperes que el dolor te arrebate lo más valioso: tu vida o la vida de un ser querido.

Recuerda: la salud mental no es un lujo; es el motor de tu bienestar, tus vínculos y tus sueños. Si tú o alguien que conoces está en riesgo, no dudes en buscar ayuda. Hay salida. Hay esperanza. Hay vida.

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