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Nueva Ley 47-25: más controles, menos trucos

Por Redacción El Tiempo

La entrada en vigencia de la Ley 47-25 de Contrataciones Públicas marca un punto de inflexión en la forma en que el Estado administra los recursos.

La actualización de esta normativa representa una apuesta por cerrar brechas históricas de discrecionalidad, opacidad y privilegios que durante años han rodeado los negocios con el sector público.

Con la promulgación de esta ley, el sistema de contrataciones entra en una etapa que exige mayor rigor, planificación y transparencia.

El uso obligatorio del Sistema Electrónico de Contrataciones Públicas, la definición clara de plazos y responsabilidades, y el fortalecimiento del régimen de consecuencias, envían el mensaje contundente de que las reglas están para cumplirse y no para interpretarse a conveniencia.

Uno de los avances más relevantes es el impulso a las Mipymes, elevando al 30 % la reserva del presupuesto de compras públicas. Esta medida democratiza el acceso a los contratos estatales y rompe la concentración de oportunidades en pocas manos, favoreciendo así una economía más inclusiva.

Sin embargo, esta transformación también obliga a un llamado de atención. La nueva ley no puede convertirse en un simple maquillaje legal ni en una carrera por encontrar atajos.

Quienes pretendan seguir sacando ventajas indebidas, manipulando procesos o utilizando testaferros y empresas de ocasión, deben saber que el margen de tolerancia se reduce drásticamente.

La implementación gradual de esta nueva ley debe ir acompañada de vigilancia ciudadana, voluntad política y sanciones ejemplares.

El verdadero éxito de la Ley 47-25 se medirá por su capacidad de erradicar prácticas corruptas y garantizar que cada peso del Estado se traduzca en bienestar y desarrollo sostenible.

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