martes, junio 25, 2024
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Diversidad

En un rincón apacible de la ciudad, donde el tiempo parecía detenerse en cada atardecer, vivía un matrimonio que encarnaba la esencia del amor puro. María y Alejandro se habían casado movidos por un sentimiento que ardía con intensidad en sus corazones, un amor que los consumía de tal manera que no podía concebir la vida el uno sin el otro.

Pero había un matiz que diferenciaba su relación: sus visiones del mundo chocaban de forma casi irreconciliable. María era de pensamiento liberal, de apertura a nuevas ideas y a la lucha por la igualdad. Ella soñaba un mundo en el que la diversidad fuera celebrada y posibilitara vivir sin restricciones impuestas por la sociedad.

 Era una ferviente defensora de los derechos de las minorías, la igualdad de género y del cambio climático. Creía en la evolución constante de la sociedad. Su esposo, Alejandro, era un hombre arraigado en tradiciones y valores conservadores.

Creció en un entorno donde las costumbres familiares y la moral tradicional eran inquebrantables. Defendía con firmeza la preservación de las estructuras sociales existentes, y era reticente a cualquier cambio que desafíe esas normas. Para él, cualquier desviación de esa senda era vista con desconfianza. A pesar de estas profundas diferencias, el amor que compartían María y Alejandro era inquebrantable. El respeto mutuo y la comprensión eran los cimientos de su relación. Pasaban horas discutiendo sus puntos de vista opuestos, pero lo hacían con respeto.

María y Alejandro aprendieron que el amor verdadero no exige compartir todas sus creencias y valores. En cambio, encontraron belleza en la diversidad de pensamientos. María le enseñó a Alejandro a ser más comprensivo y abierto a nuevas ideas, mientras que él le mostró cómo valorar las tradiciones y la estabilidad.

Se dieron cuenta de que, aunque pensaban distinto, compartían valores fundamentales como el respeto, la empatía y el deseo de un mundo mejor. En lugar de ver sus diferencias como una barrera, las utilizaron como una oportunidad para crecer y enriquecer sus perspectivas.

Oscar Quezada
Oscar Quezada
Soy un periodista que ama escuchar y contar historias, y con eso lucho cada día. Trato de hacerlo con relatos sencillos y entendibles para todos. Estudié en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

Sin Tapujos

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