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Altos costos y empleos obligan a jóvenes a pausar o abandonar estudios universitarios

Por Limber Ramirez

LA ROMANA. En La Romana e Higüey, durante el actual contexto socioeconómico reflejado tras el Censo 2022, jóvenes universitarios y trabajadores enfrentan crecientes dificultades para continuar sus estudios debido a altos costos, falta de regulación en cobros académicos y la necesidad de incorporarse al mercado laboral, una realidad documentada a partir de datos oficiales y testimonios recogidos en ambas demarcaciones.

Tres de cada diez dominicanos son jóvenes, y el 34.44 % de la población tiene entre 15 y 35 años, según la Oficina Nacional de Estadística (ONE).

Esta población se concentra con mayor fuerza en provincias de dinamismo urbano como La Altagracia (38.23 %) y La Romana (35.62 %).

Sin embargo, ese peso demográfico no se traduce necesariamente en mejores condiciones.

Por el contrario, el acceso a la educación superior se ve limitado por factores económicos, laborales y estructurales que empujan a muchos a abandonar o pausar sus estudios.

TESTIMONIOS DE ESTUDIANTES

Daniela es una joven madre que emigró hacia Higüey desde Neyba, provincia Bahoruco. Es estudiante de término de la carrera de Psicología Clínica, en La Romana.

Como estudiante de término, conoce de primera mano el largo proceso y las vicisitudes que deben sortear los universitarios dominicanos.

Precisa que uno de los principales inconvenientes que enfrentan los estudiantes son los altos costos de los estudios, como el pago de cuatrimestres, reinscripciones, transporte y alimentación.

En su caso, además, ya debe cubrir el derecho a graduación y la tesis, entre otros gastos.

Puntualiza que, debido a que debe trasladarse desde Higüey hacia La Romana, tiene que levantarse muy temprano cada fin de semana, además de disponer de unos RD1,000 por viaje paratransporte y alimentación.

Solo en el pago de créditos ha invertido alrededor de RD330,000, más las reinscripciones de RD$1,500 cada cuatrimestre, sin contar los gastos en prácticas, compra de libros y otros materiales.

Daniela asegura que, para los jóvenes dominicanos, es muy difícil obtener un título universitario, especialmente cuando, como ella, son madres, esposas y además trabajan.

Por otro lado, la estudiante Yenifer Martínez señala que uno de los principales obstáculos es la rigidez laboral. La falta de horarios flexibles obliga a muchos a pausar sus estudios.

Los bajos salarios también juegan un papel determinante. Algunos jóvenes recurren a dos empleos, priorizando finalmente el trabajo sobre la educación.

Esto se agrava con cambios constantes en horarios laborales y académicos, reduciendo el tiempo disponible para estudiar.

Actualmente, comenta que el empleo que tiene como vendedora en un almacén de provisiones le permite estudiar y trabajar.

Reconoce que, en su caso, es afortunada de vivir en el mismo patio que sus padres, lo que le facilita tomar la decisión de dejar un trabajo cuando este le impide continuar con sus estudios superiores.

Planteó que estudiantes como ella deben salir directamente del trabajo hacia la universidad.

Otro de los inconvenientes que enfrentan es el alto costo de los estudios, además de lo que considera —al igual que miles de estudiantes— un pago abusivo por reinscripción, sin que ninguna autoridad o entidad educativa acuda en su auxilio.

“Yo no veo eso bien. Si yo no he salido de la universidad, no he parado mis estudios, si estoy activa, ¿por qué pagar reinscripción si ya estoy inscrita?”, expresó Martínez.
Asimismo, Cristian Rijo es otro joven de 34 años que cursa la carrera de Educación Física en La Romana.

Es padre de tres hijos y, a su corta edad, sostiene que es muy difícil estudiar y trabajar al mismo tiempo.

Destaca que, en su caso, al ser un trabajador independiente que vive de la venta de pacas de ropa, puede aprovechar mejor el tiempo para estudiar en casa.

Rijo expresa que, además de los múltiples compromisos económicos que tiene como padre de familia, también debe dedicar tiempo a ayudar a sus hijos con sus tareas.

Manifiesta que terminó los estudios en el año 2013, pero la inmadurez lo llevó a desenfocarse y, en cambio, decidió enfrascarse en una relación marital temprana, lo que reconoce como un error de su parte.

Ángel Gales, de 29 años y estudiante de Psicología Industrial, lucha por convertirse en profesional pese a una trayectoria difícil.

Terminó el bachillerato en 2023, tras interrupciones escolares, y comenzó a trabajar desde los 14 años por necesidades económicas.

Actualmente está desempleado y se sostiene con una tienda en línea y trabajos ocasionales para continuar sus estudios.

FALTA DE DOCENCIA

Una joven madre, estudiante de Enfermería y empleada en una clínica local —quien prefirió mantener su nombre en el anonimato—, expresó que los estudiantes deben lidiar con la inasistencia frecuente de docentes y actitudes inadecuadas en el aula. Señala que, en muchos casos, estos profesores evalúan sin haber impartido correctamente la materia, lo que termina en reprobaciones masivas.

Agregó que, en otras situaciones, algunas universidades están cobrando hasta un 20 % del total de la matrícula por incumplimiento de acuerdos de pago.

LEGALIDAD O ILEGALIDAD

Ante esta realidad, que afecta a la mayoría de los estudiantes universitarios, el abogado Wanchy Medina señaló que hace algunos años se conoció un anteproyecto de ley que buscaba regular el cobro de reinscripción tanto en colegios como en universidades; sin embargo, hasta el momento no se ha concretado.

Advirtió que, mientras no exista una norma que declare la ilegalidad de ese cobro, este seguirá aplicándose.

No obstante, expresó su desacuerdo con el pago de reinscripción, al considerar que, si el estudiante ya está matriculado, lo que corresponde es pagar únicamente las materias del próximo semestre o cuatrimestre a cursar.

Un proyecto de ley del diputado Amado Díaz busca eliminar el cobro de reinscripción en universidades privadas, pero enfrenta la oposición de rectores.

Las asociaciones ADRU y ADOU consideran que la iniciativa es improcedente y violaría la Constitución y la Ley 139-01, al afectar la autonomía universitaria.

Argumentan que este cobro es necesario para cubrir costos operativos, como mantenimiento, salarios y servicios. Además, recuerdan que la normativa vigente garantiza la autonomía académica y administrativa de las instituciones de educación superior.

HIGÜEY

En Higüey, la disyuntiva entre estudiar o trabajar se vuelve cada vez más común.

Muchos jóvenes se integran a actividades informales como motoconcho, delivery o ventas, no por elección, sino por necesidad.

En Higüey, cada vez más jóvenes combinan estudio y trabajo para salir adelante, enfrentando largas jornadas, sacrificios y dificultades económicas en un entorno donde las oportunidades no siempre garantizan estabilidad académica.

Un ejemplo es Giuliano Morla, de 26 años, quien trabaja como mensajero y delivery mientras estudia Mercadeo en la Universidad Central del Este (UCE), recinto Punta Cana.

Tras perder su empleo, encontró en este oficio una forma de sostenerse, aunque lidia con altos costos, ingresos inestables y riesgos en la calle.

Pese a haber pausado sus estudios en un momento, mantiene su meta de graduarse y alcanzar estabilidad económica, convencido de que con esfuerzo y disciplina puede lograrlo.

Ángel Manuel Pinales Mejía tuvo que abandonar los estudios desde temprana edad para trabajar y apoyar a su madre, tras la muerte de su padre.

Hoy es padre soltero de dos niños y sostiene su hogar combinando el motoconcho, el delivery y un pequeño negocio de mariscos, en medio de ingresos inestables y altos costos como combustible y mantenimiento.

Sus jornadas comienzan de madrugada y se extienden hasta la noche, enfrentando además los riesgos propios del trabajo en la calle. Reconoce que la falta de estudios limita sus oportunidades, pero no pierde la motivación de superarse. Aspira a retomar su formación académica, crecer como emprendedor y ofrecer un mejor futuro a sus hijos.

Pero no todas las historias dentro de este panorama están marcadas por la permanencia en las aulas o el intento de mantenerse en ellas.
Existe también una realidad paralela: la de jóvenes que han optado por dejar de lado los estudios formales para enfocarse en generar ingresos y construir su propio camino a través del emprendimiento.

Ese es el caso de Jesús Manuel Melo Javier, de 29 años, técnico en celulares y tabletas, quien ha decidido enfocarse en el crecimiento de su negocio de reparación y venta de equipos móviles, priorizando esta actividad sobre sus estudios.
Su jornada diaria se divide entre la atención a clientes, reparaciones y la gestión del negocio.

Aunque reconoce que los ingresos son variables y que el trabajo implica riesgos con equipos de alto valor, considera que ha sido una oportunidad de desarrollo personal y económico. A futuro, su meta es seguir fortaleciendo su emprendimiento y lograr mayor estabilidad financiera.

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