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Deterioro y falta de mantenimiento marcan la realidad de la infraestructura deportiva en RD

Por Edgar Moreta

LA ROMANA. En la República Dominicana, durante el desarrollo de la actividad deportiva y de instalaciones a nivel nacional, se evidencia como principal desafío el deterioro y la falta de mantenimiento de la infraestructura deportiva en distintas provincias del país, situación que se manifiesta a través del uso inadecuado, el abandono progresivo y la limitada gestión de los espacios construidos para la práctica de diversas disciplinas.


Esta realidad afecta desde los deportes de mayor arraigo hasta la Piscina Olímpica de La Romana, donde los niveles de mantenimiento muestran una problemática que distingue disciplinas. Sin embargo, suele llamar más la atención cuando impacta escenarios emblemáticos que concentran grandes inversiones públicas y una significativa carga simbólica para la identidad deportiva del país.

Durante la presente semana se volvió tendencia la situación del Estadio Quisqueya Juan Marichal, luego de que salieran a la luz imágenes que evidencian el deterioro del terreno tras la realización de eventos artísticos.


Resulta especialmente llamativo porque el recinto había sido sometido recientemente a un proceso de remodelación de unos tres a la celebración de los juegos de pretemporada entre los Tigres de Detroit y la selección dominicana del Clásico Mundial de Béisbol. Para estos trabajos, el Estado dominicano invirtió alrededor de 500,000 dólares, equivalentes a más de 30 millones de pesos dominicanos.


El deterioro posterior ha generado un amplio descontento en la opinión pública, que cuestiona la eficiencia en el uso de los recursos y la falta de protocolos claros para el uso multiuso de instalaciones deportivas.

Ante la presión mediática, se convocó una reunión de emergencia con el patronato del estadio, donde se determinó que los promotores de los eventos artísticos deberán asumir los costos de los daños ocasionados al terreno, estimados en 3.6 millones de pesos.


Asimismo, se aseguró que el parque estará listo para albergar competencias de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, programados para celebrarse en julio de este año, evento que reunirá a diversas selecciones del área, incluyendo al país anfitrión.


No obstante, este caso no es un hecho aislado. Históricamente, la República Dominicana ha experimentado ciclos de inversión deportiva que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en los llamados “elefantes blancos”: infraestructuras construidas para grandes competencias que posteriormente quedan subutilizadas o abandonadas debido al alto costo de mantenimiento y la falta de planificación a largo plazo.


La provincia La Romana ofrece un ejemplo emblemático. Para los Juegos Nacionales La Romana 2006 se construyeron varias instalaciones deportivas, entre ellas una piscina olímpica cuyo costo superó los 25 millones de pesos de la época.

Sin embargo, la instalación apenas funcionó durante unos meses antes de caer en el abandono, desperdiciando una inversión millonaria que pudo haber impactado positivamente a generaciones de atletas.
Más recientemente, en esta misma ciudad, se destinaron millones de pesos a la remodelación del polideportivo Eleoncio Mercedes.

A pesar de la inversión, la instalación ha quedado expuesta a problemas de seguridad dentro del complejo deportivo Pedro Julio Nolasco, lo que pone en riesgo su preservación y limita su aprovechamiento por parte de la comunidad.


El país enfrenta, por tanto, un desafío estructural: pasar de una cultura de la inauguración a una cultura del mantenimiento. Sin una planificación sostenible que contemple presupuesto, seguridad, administración y uso responsable de las instalaciones, las inversiones seguirán perdiendo valor con el tiempo. Apostar por el mantenimiento no solo preserva el patrimonio deportivo, sino que garantiza oportunidades reales de desarrollo para atletas, comunidades y futuras generaciones.

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