Por: Redacción El Tiempo
En Higüey el agua llega tarde, poca y, en muchos casos, una sola vez por semana. Esa es la realidad que enfrentan más de cien sectores mientras la ciudad continúa creciendo sin que ese servicio avance al mismo ritmo.
Las familias organizan su rutina en función de dos horas de suministro que apenas alcanzan para llenar un tinaco y cubrir lo básico.
El calendario anunciado por el Instituto Nacional de Agua Potable y Alcantarillado (Inapa) prometía mayor equidad en la distribución. Hoy, la queja es generalizada.
Hay barrios con servicio interdiario y otros que esperan hasta siete días para recibir agua durante un lapso mínimo. La desigualdad en el acceso genera malestar y una sensación de abandono.
El impacto económico es evidente. Cuando el agua no alcanza, hay que comprarla. Un tinaco puede costar hasta 300 pesos y una cisterna supera fácilmente los mil.
Para muchos hogares, ese gasto adicional desajusta el presupuesto mensual, porque el servicio público termina convertido en un gasto privado obligatorio.
Higüey necesita planificación, inversión responsable y supervisión efectiva. Se requiere una estrategia que garantice el suministro estable de agua potable.
El acceso al preciado líquido no puede depender de la suerte del sector donde se viva. Resolver esta situación tampoco debe ser opcional. Es una responsabilidad que las autoridades deben asumir con resultados medibles.
Higüey merece más que explicaciones técnicas. Merece una solución definitiva a un problema que data de décadas. Porque el agua no puede seguir siendo un privilegio intermitente ni un negocio forzado para quienes solo quieren vivir con dignidad.
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