Las inversiones millonarias que el Estado dominicano ha destinado en los últimos años para rescatar instalaciones deportivas en distintas provincias representan, sin duda, una apuesta positiva por la juventud, la recreación y el desarrollo del deporte.
Sin embargo, detrás de cada inauguración, persiste el reto de evitar que esas obras se conviertan en un ciclo interminable de deterioro y reconstrucción, debido a la falta de mantenimiento y protección permanente que deben tener los espacios deportivos.
El caso del Complejo Deportivo Pedro Julio Nolasco, en La Romana, evidencia con claridad esta problemática. Mientras se anuncian más de 143 millones de pesos invertidos en remodelaciones, los robos y actos vandálicos continúan afectando las instalaciones prácticamente a diario.
Lo más preocupante es que esta historia no es nueva. El deterioro que por años sufrió el pabellón multiusos antes de ser remozado tuvo mucho que ver con el abandono y la inseguridad. Hoy, pese a la nueva inversión, las autoridades parecen repetir el error de rehabilitar sin garantizar un plan de mantenimiento sostenible.
La situación también debe servir de advertencia para San Pedro de Macorís, donde se proyecta una inversión superior a los 200 millones de pesos para transformar completamente el complejo deportivo de esa provincia.
La reconstrucción de canchas, estadios y pabellones será insuficiente si desde ahora no se contempla un sistema serio de vigilancia, mantenimiento preventivo y administración eficiente.
El verdadero desafío está en conservar. Resulta más económico pintar, reparar filtraciones menores, sustituir luminarias a tiempo y garantizar seguridad permanente, que esperar años hasta que las instalaciones vuelvan a caer en ruinas y requieran otra intervención multimillonaria.
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