Por: Oscar Quezada
PUNTA CANA. La provincia La Altagracia registra 4,839 empresas formales, una cifra que evidencia el nivel de dinamismo económico alcanzado en las últimas décadas, en paralelo a un proceso de expansión urbana acelerada que ha redefinido su territorio.
Así lo establece el estudio Expansión de las Comunidades Urbanas en la provincia La Altagracia 1988-2022, publicado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el cual describe una transformación estructural que va desde lo demográfico hasta lo productivo.
Durante finales de los años 80, amplias zonas de la provincia —especialmente en el área de Verón— carecían de una estructura urbana definida. Eran territorios rurales, con baja densidad poblacional y limitada actividad económica formal.
Sin embargo, en el transcurso de poco más de tres décadas, el crecimiento ha sido sostenido y acelerado. El estudio señala que esta expansión ha estado impulsada, en gran medida, por la migración interna.
Miles de personas se han trasladado hacia La Altagracia en busca de oportunidades laborales, lo que ha generado un aumento significativo de la población y la aparición de nuevas comunidades urbanas.
La consecuencia ha sido una ocupación progresiva del suelo, donde áreas que antes estaban destinadas a actividades agrícolas o permanecían sin desarrollar han sido transformadas en zonas residenciales, comerciales y de servicios. Este cambio en el uso del territorio muestra una transición clara: de una economía rural a una urbana, dominada por actividades vinculadas al crecimiento económico reciente.
Sin embargo, el estudio advierte que esta expansión no siempre ha estado acompañada de una planificación adecuada. El ritmo de crecimiento ha superado la capacidad de respuesta de la infraestructura, generando presión sobre servicios básicos, el sistema vial y el ordenamiento territorial.
En ese contexto, la provincia enfrenta el reto de sostener su crecimiento sin comprometer la sostenibilidad del territorio, en un escenario donde la expansión urbana continúa avanzando sobre espacios cada vez más limitados.
CONSECUENCIAS DIRECTAS
Este crecimiento demográfico ha dado paso a una transformación visible del territorio: surgimiento de barrios, ampliación de zonas residenciales y desarrollo de actividades comerciales y de servicios. En términos prácticos, la provincia ha pasado de un esquema rural a una dinámica urbana en constante construcción.
Sin embargo, este proceso no ha sido del todo planificado. El ritmo de expansión ha superado en muchos casos la capacidad de respuesta de la infraestructura pública, generando desafíos en el acceso a servicios básicos, la movilidad, la gestión de residuos y el ordenamiento territorial.
A nivel económico, el Atlas resalta una fuerte concentración empresarial. De las 4,839 empresas registradas en la provincia, más del 90 % se ubican en dos demarcaciones: Higüey y el distrito turístico de Verón-Punta Cana.
En la ciudad de Higüey se concentran 1,868 empresas, mientras que Verón-Punta Cana agrupa 2,474, lo que confirma un desplazamiento progresivo del eje económico hacia las zonas de mayor dinamismo.
El estudio también señala que el crecimiento de La Altagracia ha sido uniforme, sino territorialmente diferenciado.
Mientras el dinamismo económico y la expansión urbana se concentran con mayor intensidad en zonas como Verón-Punta Cana y el municipio cabecera de Higüey, otras demarcaciones como San Rafael del Yuma, Nisibón y Bayahíbe presentan dinámicas más limitadas, vinculadas a economías locales de menor escala.
Esta distribución desigual del desarrollo refleja una provincia que crece a distintas velocidades. Higüey, como centro histórico y administrativo, mantiene una alta concentración de servicios, comercios y actividad empresarial, mientras que en zonas como Nisibón persisten características más rurales, con menor densidad urbana y limitada diversificación económica.
En el caso de Bayahíbe y San Rafael del Yuma, aunque existe una actividad turística relevante, su impacto en la estructura empresarial y urbana no alcanza los niveles observados en el eje Verón-Punta Cana, lo que pone de manifiesto una centralización progresiva del crecimiento en puntos específicos del territorio.
Este patrón refuerza una de las principales conclusiones del Atlas: el desarrollo económico de La Altagracia no solo se ha expandido, sino que también se ha concentrado, generando desequilibrios territoriales que plantean retos en términos de planificación, equidad y sostenibilidad.
DESAFÍOS
Este patrón de concentración refleja una reorganización interna de la provincia, donde la actividad económica tiende a agruparse en núcleos específicos, generando polos de desarrollo con alta densidad empresarial.
En cuanto a la base productiva, el estudio revela una estructura limitada en el sector primario. Actividades como la ganadería, la agricultura y la minería ocupan apenas 193.88 hectáreas en conjunto.
De ese total, la ganadería representa el 98.2 %, mientras que la agricultura —principalmente arroz, coco y cacao— y la minería mantienen una participación marginal.
Estos datos evidencian un cambio en el modelo económico tradicional de la provincia, donde las actividades primarias han perdido protagonismo frente al crecimiento de los servicios y otras actividades vinculadas al desarrollo urbano.
El estudio también advierte sobre la presión que este crecimiento ejerce sobre el territorio.
La expansión de las comunidades urbanas ha generado una ocupación cada vez mayor del suelo, en algunos casos sin una planificación adecuada, lo que plantea retos en términos de sostenibilidad.
La Altagracia, según el análisis de la ONE, no solo crece: se transforma. Pero lo hace a un ritmo que obliga a replantear su modelo de desarrollo.
El desafío, más allá de las cifras, es claro: lograr que esa expansión urbana y económica se traduzca en un crecimiento ordenado, capaz de equilibrar desarrollo, territorio y calidad de vida.
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