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El coco abre una nueva oportunidad para el campo y las exportaciones dominicanas

Por Hilma Feliciano

SANTO DOMINGO.— República Dominicana tiene una oportunidad para ganar más espacio en el mercado mundial del coco, cuya demanda crece más de 10 % cada año. El país ya produce el fruto y exporta derivados como leche y crema de coco, pero enfrenta un problema: todavía debe importar una parte importante de la materia prima que necesita su propia industria.

Los datos presentados en la primera Cumbre del Coco, DominiCoco, indican que el mercado mundial llegó a unos 65 millones de toneladas en 2024. Mientras Indonesia, Filipinas e India concentran cerca del 70 % de la producción comercial, República Dominicana ha logrado aumentar su producción a un ritmo superior al crecimiento mundial. El país cuenta con 5,141 productores registrados y una superficie cultivada que podría acercarse a 880,000 tareas.

El potencial económico no está solamente en vender coco fresco. El fruto puede transformarse en agua, leche, crema, aceite y otros productos, lo que permite obtener mayores ingresos. República Dominicana ya tiene una presencia importante en Estados Unidos, con exportaciones de unos US$33.87 millones en crema de coco y alrededor de US$20 millones en leche de coco. Sin embargo, en los últimos cinco años y medio gastó cerca de US$83 millones en importar coco, una señal de que la producción local todavía no cubre toda la demanda de las empresas.

El crecimiento enfrenta varios obstáculos. Cerca del 83 % de las plantaciones depende de la lluvia, mientras solo el 17 % cuenta con riego. A esto se suma que menos de la mitad de los productores recibe asistencia técnica y una proporción pequeña tiene acceso a financiamiento, seguros agrícolas o contratos de venta. Además, alrededor del 71 % de los productores tiene 50 años o más, lo que plantea el reto de atraer a una nueva generación al campo.

Para los especialistas, la solución no es simplemente sembrar más árboles. El sector necesita mejorar la productividad, usar tecnología, garantizar agua, facilitar el crédito y aumentar la transformación industrial. También existe la posibilidad de aprovechar partes del fruto que normalmente se consideran residuos, como la cáscara y la jícara, para fabricar productos agrícolas, combustibles y otros materiales.

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