“A río revuelto, ganancia de pescadores”. La expresión describe a quienes aprovechan situaciones de confusión, crisis o descontento para obtener beneficios propios.
En la política, esta práctica es frecuente y constituye una estrategia fríamente calculada. La experiencia dominicana reciente ofrece ejemplos claros. Durante los años en que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ocupó el poder, diversas decisiones gubernamentales generaron malestar en amplios sectores de la población.
Aumentos de precios, denuncias de corrupción, cuestionamientos institucionales y un creciente sentimiento de agotamiento político provocaron protestas, marchas y movilizaciones diversas. En ese escenario, el Partido Revolucionario Moderno (PRM), entonces en la oposición, supo capitalizar el descontento ciudadano.
Aunque muchas de las demandas surgieron legítimamente desde la sociedad civil, la oposición encontró en ellas una oportunidad para fortalecer su discurso, ampliar su influencia y construir el camino hacia el poder.
Pero en política nada es definitivo y los roles se alternan. Quienes ayer criticaban desde la acera de enfrente, mañana probarán del trago amargo que dieron a beber a sus oponentes.
Hoy, el PRM es el inquilino del Palacio Nacional y enfrenta fuertes críticas y reacciones por decisiones económicas, sociales y administrativas que han generado inconformidad en la población.
Como era de esperarse, los partidos opositores han comenzado a actuar de manera similar a como lo hizo el PRM en el pasado, aprovechando cada controversia, cada error gubernamental y cada manifestación de descontento para debilitar políticamente a quienes gobiernan.
La paradoja es evidente. Los actores cambian, pero el libreto permanece intacto. Lo que antes era considerado una legítima expresión democrática, ahora es visto por algunos oficialistas como una campaña de desestabilización con matices partidarios.
Lo preocupante es que los problemas que agitan las aguas suelen mantenerse sin solución mientras oficialismo y oposición juegan al gato y al ratón.
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