HIGÜEY. Más allá del descanso académico, las vacaciones escolares representan una etapa crucial para el desarrollo integral de los niños, impactando positivamente en sus áreas emocional, social y cognitiva. En conversación para El Tiempo, la psicóloga y terapeuta familiar Fabiola Del Orbe, destacó la importancia de este período como una oportunidad para cultivar el bienestar, fortalecer vínculos familiares y promover el aprendizaje fuera del aula.

Durante el año escolar, los niños están sometidos a rutinas exigentes: horarios estrictos, múltiples tareas, evaluaciones y presiones relacionadas con el rendimiento académico. “Las vacaciones no solo representan una pausa física, sino un espacio necesario para la autorregulación emocional y la salud mental de los niños”, señaló Del Orbe.
Asimismo, señalo que este respiro les permite desconectarse del estrés cotidiano y reponer energías en un entorno más relajado y afectivo. Uno de los aspectos más enriquecedores de esta temporada, según la especialista, es el juego libre, es decir, aquel que se da sin instrucciones ni presiones. “Cuando los niños juegan de forma espontánea, se activan procesos clave como la imaginación, la creatividad, la empatía y la capacidad para resolver conflictos. Desde la psicología del desarrollo, el juego libre tiene el mismo valor que el aprendizaje estructurado”, enfatizó. También dijo que las vacaciones son una excelente ocasión para reforzar los lazos familiares. Sin la prisa de la rutina escolar, se puede generar espacios significativos para compartir.
“Momentos sencillos como cocinar juntos, conversar sin interrupciones, leer un cuento o salir a explorar el vecindario generan una conexión emocional que influye directamente en la seguridad y autoestima del niño”, aseguró la terapeuta. Del Orbe también recomienda introducir nuevas experiencias, como viajes, visitas a parques, campamentos o simplemente cambios en la rutina diaria.
Estos escenarios permiten que los niños desarrollen habilidades sociales, autonomía, tolerancia a la frustración y flexibilidad ante lo desconocido, competencias necesarias para su vida adulta. Sin embargo, advirtió sobre los riesgos de caer en el desorden total. “Es clave mantener una estructura flexible. No se trata de imponer horarios estrictos, sino de diseñar una rutina balanceada que combine descanso, juego, lectura y actividades creativas.
Esto ayuda a mantener el equilibrio emocional, evita el aburrimiento y fomenta la autorregulación”, explicó. La especialista invita a ver las vacaciones como una inversión emocional en el bienestar de la infancia. “Este tiempo no es solo para desconectarse, sino para reconectar con lo esencial: el afecto, el tiempo de calidad y el desarrollo humano. Acompañar a nuestros hijos en estos momentos es sembrar en ellos confianza, empatía y resiliencia”, concluyó.
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