HIGÜEY. Con la llegada de junio, miles de familias dominicanas comienzan a sentir que el cierre del año escolar está cada vez más cerca. Aunque las clases concluyen oficialmente a finales de mes, según el calendario del Ministerio de Educación, este periodo ya se vive como la recta final de una rutina marcada por madrugadas, tareas, reuniones, exámenes y carreras diarias para cumplir con los horarios.
Para muchos padres y madres, estas semanas representan un momento de balance. Tras meses de acompañar a sus hijos entre mochilas, uniformes, trabajos escolares y preocupaciones académicas, empieza a surgir una mezcla de emociones: cansancio, satisfacción y el deseo de una pausa merecida.
La cercanía de las vacaciones escolares no solo entusiasma a los niños, que ya imaginan días sin clases y más tiempo libre, sino también a los adultos, quienes muchas veces han sostenido una jornada doble entre el trabajo y el compromiso de apoyar el proceso educativo de sus hijos.
Ese sentir lo comparte Yoskairy Vizcaíno, madre de dos niñas y maestra del nivel inicial, quien explicó a este semanario que para ella el descanso escolar tiene un significado especial, porque vive el proceso desde dos perspectivas: como educadora y como madre.
«Mi descanso es doble, porque no solo termino el año escolar como maestra, sino también como mamá. Son meses de mucho esfuerzo, de enseñar, planificar, orientar a mis estudiantes y al mismo tiempo, llegar a casa a revisar tareas, preparar uniformes y acompañar a mis hijas en su proceso», expresó.
Vizcaíno señaló que el cierre del año escolar suele traer agotamiento, pero también satisfacción al ver los avances de los niños. «Es un tiempo para respirar un poco, compartir más en familia y recuperar energías para volver a empezar», agregó.
Cabe mencionar que este tiempo puede convertirse en una oportunidad para fortalecer vínculos y bajar el ritmo acelerado que suele traer el año escolar. No necesariamente implica viajes o grandes inversiones; en muchos hogares, compartir un desayuno sin prisas, visitar familiares, salir al parque o simplemente descansar juntos se transforma en un regalo valioso.
En esta etapa, también es común que los padres reflexionen sobre lo vivido: las dificultades superadas, los cambios observados en sus hijos y los pequeños logros alcanzados. Algunos celebran mejoras académicas, otros destacan avances emocionales, independencia o mayor responsabilidad.
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