Cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, una jornada dedicada a generar conciencia, mejorar la comprensión y fomentar la acción global frente a los problemas de salud mental.
La fecha busca reducir el estigma, visibilizar la importancia del bienestar emocional y promover un mejor acceso a los servicios especializados.
Especialistas destacan que la infancia y la adolescencia son etapas críticas para el desarrollo del cerebro y la salud mental.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2023), el bienestar de los jóvenes es especialmente sensible a las influencias ambientales, y experiencias adversas en los primeros años de vida pueden tener efectos duraderos en la edad adulta, alterando la trayectoria vital de las personas (UNICEF y OMS, 2024).
El entorno en el que crecen niños y adolescentes juega un papel determinante en su salud mental. La exposición a violencia, acoso, discriminación, conflictos y pobreza aumenta significativamente el riesgo de desarrollar problemas emocionales o psicológicos.
Además, cuanto mayor sea el número de factores de riesgo presentes, más profundo puede ser el impacto en su bienestar (OMS, 2025).
A pesar de ser percibidos como un grupo generalmente “saludable”, los niños y adolescentes también enfrentan importantes desafíos de salud mental. A nivel mundial, uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años presenta algún trastorno mental (Vos et al., 2020).
En la región, la depresión y la ansiedad se encuentran entre las cinco principales causas de años vividos con discapacidad, mientras que el suicidio ocupa el tercer lugar entre las causas de muerte en personas de 15 a 29 años.
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