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Cuando la ansiedad deja de ser normal: señales, causas y cómo tratarla

Por Hilma Feliciano

Punta Cana, RD. La ansiedad forma parte de la vida humana. Es una emoción natural que prepara a los seres humanos para reaccionar ante los retos o los peligros, una respuesta adaptativa que nos mantiene alerta y nos impulsa a actuar.

Sin embargo, cuando esa sensación de preocupación o miedo se vuelve excesiva, persistente y difícil de controlar, puede transformarse en un trastorno que afecta seriamente la calidad de vida. La psicóloga clínica Keila Santana explica que, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), la ansiedad patológica se caracteriza por una preocupación intensa acompañada de síntomas físicos como tensión, palpitaciones o dificultad para concentrarse, los cuales interfieren en la vida cotidiana.

“La ansiedad no siempre es negativa, pero cuando deja de ser funcional y empieza a limitar el bienestar, se convierte en un problema que requiere atención profesional”, señala.

DE LA ANSIEDAD AL TRASTORNO

La ansiedad común surge ante situaciones específicas, como antes de un examen o una entrevista de trabajo. En esos casos, el cuerpo se activa para rendir mejor y la sensación desaparece una vez que el evento pasa. En cambio, en los trastornos de ansiedad, la preocupación es excesiva y no se limita a un contexto concreto. “La diferencia principal es la intensidad y la duración. Cuando el malestar es persistente y desproporcionado, hablamos de un trastorno”, puntualiza Santana. El DSM-5 identifica varios tipos de trastornos de ansiedad.

Entre los más frecuentes están el trastorno de ansiedad generalizada (TAG), caracterizado por una preocupación constante sobre múltiples aspectos de la vida; el trastorno de pánico, con ataques súbitos de miedo intenso acompañados de síntomas físicos; las fobias específicas, relacionadas con objetos o situaciones concretas; la fobia social o ansiedad social, en la que existe un temor a ser juzgado en público; y la ansiedad por separación, más común en la infancia pero, también presente en adultos.

CAUSAS MÚLTIPLES

La ansiedad tiene un origen multifactorial. En lo biológico, influyen la genética y el funcionamiento de los neurotransmisores vinculados con el miedo y el estrés. En lo psicológico, pesan las experiencias traumáticas, los pensamientos negativos o los estilos de afrontamiento poco saludables.

Y en lo social, los problemas familiares, laborales o económicos pueden actuar como desencadenantes. “No hay una sola causa. Generalmente es la combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales la que mantiene la ansiedad”, explica la especialista. Las investigaciones también sugieren un componente hereditario. Quienes tienen familiares cercanos con trastornos de ansiedad presentan mayor riesgo de desarrollarlos, aunque la herencia no es determinante.

Los factores ambientales, como la forma en que se aprende a manejar el estrés, también juegan un papel decisivo.

SÍNTOMAS Y SEÑALES

Los síntomas de la ansiedad pueden manifestarse en tres niveles: físico, emocional y conductual. En el plano físico, son comunes las palpitaciones, la tensión muscular, la sudoración, los temblores o las molestias digestivas. A nivel emocional, predominan la preocupación excesiva, el miedo constante y la sensación de pérdida de control.

En el comportamiento, puede aparecer irritabilidad, dificultad para concentrarse o evita de situaciones que generan temor. Una persona debería considerar buscar ayuda profesional cuando la ansiedad se vuelve frecuente, intensa o interfiere con su rutina. “El criterio clave, según el DSM-5, es que el malestar sea significativo y persistente. Si afecta el trabajo, las relaciones o el descanso, es momento de acudir a un psicólogo o psiquiatra”, afirma Santana.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

El diagnóstico clínico se realiza a través de entrevistas donde el profesional explora los síntomas, su duración y el impacto en la vida diaria. También pueden aplicarse cuestionarios estandarizados, como el Inventario de Ansiedad de Beck (BAI) o la Escala de Ansiedad de Hamilton, que ayudan a medir la intensidad de los síntomas. Además, se considera la historia personal, familiar y social del paciente para descartar otros posibles trastornos.

En cuanto al tratamiento, la terapia cognitivo-conductual (TCC) es una de las más eficaces. Este enfoque enseña a identificar y modificar los pensamientos y comportamientos que alimentan la ansiedad.

Otras terapias útiles incluyen la terapia de exposición, que ayuda a enfrentar gradualmente los miedos; la terapia basada en la aceptación, centrada en la gestión emocional; y la terapia interpersonal o psicodinámica, cuando la ansiedad tiene raíces en conflictos personales o experiencias pasadas.

En algunos casos, el tratamiento psicológico se combina con medicación, especialmente cuando los síntomas son muy intensos. “La ansiedad no desaparece de la noche a la mañana, pero con tratamiento y compromiso personal, la mejoría puede ser muy significativa”, asegura la psicóloga.

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