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¿Amor, tradición o estatus? La decisión de llevar el apellido del esposo divide opiniones

Por Gissel Peguero

HIGÜEY. Adoptar el apellido del esposo después del matrimonio es una decisión que, para algunas mujeres, representa tradición familiar, identidad, respaldo y sentido de pertenencia; para otras, se trata de un trámite innecesario que no determina la estabilidad de la relación ni garantiza beneficios sociales o económicos. En Higüey, las experiencias de mujeres con distintos años de casadas evidencian que esta práctica está vinculada a factores culturales, personales y administrativos. Mientras algunas consideran que llevar el apellido de su pareja las hace sentirse representadas y respaldadas, otras prefieren conservar sus apellidos de nacimiento porque entienden que el matrimonio no debe modificar su identidad. La práctica también genera interrogantes sobre los procedimientos para realizar estos cambios y sobre la disponibilidad de estadísticas oficiales que permitan conocer cuántas mujeres deciden incorporar el apellido de sus esposos.

DECISIÓN Victoria Lizardo de Guerra, casada desde hace diez años, explicó que tomó el apellido de su esposo por una costumbre arraigada en su familia, donde las mujeres suelen incorporarlo tras contraer matrimonio, una tradición con la que se identifica. “Me siento representada, como que ese apellido me da fuerza y me hace sentir plena”, expresó. Para Lizardo de Guerra, adoptar el apellido de su esposo forma parte de su identidad familiar y representa dejar atrás lo que considera un apellido sencillo.

Afirmó que la decisión no le ha generado dificultades laborales ni bancarias y que la repetiría, aunque entiende que no asegura la continuidad del matrimonio ni define los derechos económicos ante una separación. “Es una decisión muy personal, pero un papel no amarra a nadie”, sostuvo, al señalar que adoptar el apellido no debe confundirse con una garantía de permanencia matrimonial.

TRADICIÓN Y PERCEPCIÓN SOCIAL

Una visión similar expresa Nagela Louissaint Pierre, quien tiene 18 años de casada y lleva el apellido de su esposo por tradición de su país de origen. Según explicó, en su entorno familiar esta costumbre tiene un valor importante, pues considera que puede representar reconocimiento social y respaldo dentro del matrimonio. Para ella, adoptar el apellido de su pareja significa sentirse respaldada y formar parte de una tradición que ha acompañado a su familia durante generaciones. Su experiencia muestra que las costumbres de cada país y el entorno familiar influyen en la decisión de adoptar o conservar los apellidos, aunque el significado de esta práctica depende de las convicciones y la historia de cada mujer.

CONSERVAR EL APELLIDO

En contraste, Ruth Rijo, quien tiene siete años de casada, decidió conservar sus apellidos y no incorporar el de su esposo. Explicó que no considera necesario el cambio, pues llevar el apellido del marido no representa un estatus social ni una ventaja personal. Su postura refleja que conservar los apellidos de nacimiento no implica cambiar la identidad ni tener menor compromiso con la relación. En la misma línea, Johanny Mercedes, con 13 años de casada, decidió mantener sus apellidos. Explicó que el trámite implicaba costos adicionales, pues debía pagar el acta de matrimonio por separado y llevarla a la Junta Central Electoral. Además, aseguró que el cambio no es una prioridad para ella. “Realmente me da lo mismo, porque no garantiza reparticiones de bienes ni me eleva el estatus social”, manifestó.

PASO DEL TIEMPO

La experiencia de Estebania Jones demuestra que esta decisión tampoco tiene que ser definitiva. Con nueve años de casada, explicó que ahora se propone incorporar el apellido de su esposo durante la renovación de su cédula de identidad y electoral. Señaló que, para ella, el cambio representa una forma de sujeción o vínculo con su marido y una sensación de mayor respaldo. Su caso evidencia que las razones para adoptar el apellido pueden cambiar con los años, pues algunas mujeres lo hacen al casarse y otras reconsideran la decisión más adelante, según sus creencias, experiencias y circunstancias personales.

PROCEDIMIENTO

Leandro Santana, encargado del área de cédulas en la Junta Central Electoral (JCE) de Higüey, explicó que en las oficinas locales no disponen de un registro completo con estadísticas específicas sobre las mujeres que adoptan el apellido de sus esposos, debido a que parte de la información y los procedimientos correspondientes se gestionan desde la sede central de la institución, en Santo Domingo. Santana explicó que existen modalidades para usar los apellidos después del matrimonio, como añadir la condición de casada o adoptar el apellido del esposo, mientras que ya no está vigente la opción de retirar el apellido materno. Indicó que el proceso inicia con el acta de nacimiento y que los requisitos deben confirmarse con la institución. La falta de estadísticas locales impide determinar cuántas mujeres en Higüey adoptan el apellido de sus esposos y por qué.

IDENTIDAD, TRADICIÓN Y LIBERTAD

Las experiencias recogidas muestran que no existe una única razón para adoptar o conservar los apellidos después del matrimonio. La tradición familiar, la cultura de origen, el sentimiento de pertenencia y las consideraciones económicas o administrativas influyen en la decisión. Sin embargo, llevar el apellido del esposo no significa necesariamente mayor estabilidad matrimonial, más derechos económicos o una posición social superior. De igual manera, conservar los propios no implica falta de compromiso con la pareja. La decisión de adoptar el apellido del esposo está vinculada a factores personales y culturales, por lo que conocer los procedimientos y sus implicaciones permite a cada mujer elegir según sus preferencias.

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