Sin tapujos

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Absurdo y molestoso

Tomar decisiones que afecten la vida de muchas personas, no es ni será nunca tarea fácil. Siempre habrá quienes cuestionen, refuten o, en el peor de los casos, desoigan mandatos emanados de una autoridad superior.

Hay decisiones, sin embargo, que producen un malestar casi generalizado, por aplicarse en el marco de lo absurdo e incomprensible, como la alocada idea de colocar agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito Terrestre (Digesett) en intersecciones donde el tránsito vehicular y peatonal está regulado por semáforos inteligentes.

Las explicaciones “técnicas” justifican esta disposición diciendo que el objetivo es agilizar el tránsito en horas de mayor flujo vehicular. ¿Agilizar?

Este razonamiento contradice la función elemental de un semáforo, que en su definición más simple tiene la función precisamente de eso, de regular el tráfico sin que medie la figura de un uniformado haciendo más señas que un coach de tercera con corredores en primera y segunda base.

Sustituir las funciones del semáforo debería ser sólo para casos excepcionales, como el paso de un jefe de Estado, la realización de un evento público multitudinario o un cortejo fúnebre.

Fuera de estas ocasiones, se vuelve una práctica contradictoria, porque si lo que intenta es aligerar el tránsito, más equivocados no pueden estar los ideólogos de esta iniciativa.

El efecto es contraproducente frente a cualquier buena intención. El tránsito fluye más lento y retrasa el avance de los conductores, y los ánimos se crispan cuando esos agentes usurpan las funciones de los semáforos.

Este desatino ha causado incluso innumerables conflictos violentos entre conductores. Y es que cuando la Digesett neutraliza los semáforos y asume el control de la circulación vehicular, hay choferes que no advierten a tiempo su presencia y se producen vacilaciones que provocan choques involuntarios.

Como si no bastara el malestar que produce, este contrasentido adquiere su mayor esplendor cuando en esas mismas áreas (donde los semáforos se vuelven piezas decorativas) a los agentes se les ocurre fiscalizar errores que resultan obvios en conductores confundidos por esa brillante idea. 

¡Genial!