En los últimos tiempos, debido al auge de las redes sociales y plataformas de streaming, que se refiere a la “entrega continua de datos, como vídeo o audio, a través de una red, lo que permite a los usuarios ver o escuchar contenido en tiempo real sin descargarlo primero”.
Así, entre muchas personas, principalmente jóvenes, pero no excluso de este segmento poblacional, se han puesto de moda términos como influencer, likes, ninguna de las cuales se encuentra aun en el diccionario de la Real Academia Española de la lengua. Aunque en su traducción podemos encontrar influenciador o me gusta.
Dependiendo de la cantidad de likes o vistas que tenga un contenido y del número de personas que se suscriba al canal que emite esos contenidos o que sigan al emisor, se ha creado el anglicismo inluencer o influenciador, en español. A los suscritos o personas que siguen a los creadores de contenido se les llama, comúnmente, seguidores.
Pero, ¿realmente siguen a estos influenciadores?, ¿son capaces estos “influencer” de lograr que los suscritos o seguidores realicen acciones contrarias a las buenas costumbres, sus valores o las leyes?
Personalmente creo que no, y si así fuere, entonces los valores de los actuantes no son diferentes de los que pregonan esos influencers, es decir, que como sucede en todo el reino animal, los iguales se agrupan y se defienden entre sí. Muchas veces el llamado a la acción de un influencer solo encuentra eco en aquellos que están contestes con la conducta y los valores del influenciador, por eso algunos pueden influir en acciones de compra y otros no y algunos otros en acciones que riñen o están al filo de lo ilegal y otros no.
En cuyos casos se denota que el llamado a la acción tiene cabida entre iguales, sean estos influenciadores o seguidores. Aquí llegamos a un punto crucial: la cantidad de seguidores no es directamente proporcional a seguir todos los llamados de acción.
Porque la opinión de cada influenciador solo resuena en los seguidores que, esencialmente, son iguales, tanto en estrato social, como en formación moral o académica, llegando, a veces, a comportarse como si entre todos solo existiera un solo espíritu que algunos expertos llaman espíritu de grupo.
Un influencer con 10 mil seguidores podría, en un momento dado, provocar más acción que uno con 100 mil. Todo va a depender del respeto que cada grupo de seguidores tenga al influencer al cual siguen, pero, esencialmente, de cuál sea el llamado a la acción de cada uno en un momento dado. Por ejemplo, si creo en la democracia y la economía de mercado, ningún llamado que tienda a lesionar una cosa o la otra tendrá asidero en mí
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