El partido de futbol, República Dominicana- Haití, del 1 de octubre comenzó con turbas de fanáticos, mayoritariamente haitianos, que forzaron los accesos al estadio y ocasionaron daños materiales y, posiblemente, personas con lesiones menores. Luego de ese tumulto inicial, las cosas fluyeron normalmente durante el juego hasta que éste concluyó.
La situación cambió al final con la expresión eufórica, inoportuna y desacertada del delantero haitiano, Wilson Isidor, quien afirmó tras el partido que la isla Hispaniola era Haití; las redes señalaron que su compañero Duckens Nazon también difundió un mensaje similar sugiriendo que la isla Española era para los haitianos. La Embajada de Haití afirmó, en un comunicado oficial, que ese desmadre no reflejaba el comportamiento del pueblo haitiano.
Fueron frases imprudentes, pero con un peso histórico que la RD no ignora ni acepta. El Gobierno respondió de manera rigurosa: El Ministerio de Deportes vetó a la selección haitiana en instalaciones dominicanas. En Friusa, la tónica son los operativos y sus consecuencias que algunas veces se tornan nefastas. Detenciones constantes de indocumentados, con la promesa de respetar sus derechos, y autobuses conducidos por haitianos irregulares retenidos por el Intrant. Las cifras oficiales hablan de más de 265,000 expulsados entre enero y agosto de 2026.
Durante décadas, el Estado Dominicano fue complaciente con una migración que sostenía la construcción, la agricultura y el turismo sin ordenarla. Hoy el péndulo se fue al otro extremo: mano dura y militares en las calles, mientras persisten los empleadores que contratan sin papeles al margen de la ley. Desde la oposición se insiste en que la migración «se ha salido de control», idea que encuentra algún eco en sectores de la población. La ley marca los límites.
La Ley 285-04 regula ingreso, permanencia y deportación, y la Constitución exige debido proceso y trato digno a toda persona. Cumplir la ley, es un acto de responsabilidad y soberanía, implica deportar a quien está irregular, respetar sus derechos y sancionar a quien lo emplea. La solución no está sólo en los operativos con trato digno, ni en las frases destempladas de deportistas haitianos irrespetuosos e imprudentes; sino en una política migratoria sostenida: controles fronterizos eficaces, regularización ordenada y fiscalización laboral permanentes.
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